Del espectáculo audiovisual total que los convirtió en leyendas, a la libertad del formato DJ. Tom Rowlands y Ed Simons llegan a Chile con una propuesta distinta, cargada de momentos sorpresivos, moviendo el beat hacia pasajes inesperados. ¿Listos para el Rockin’ Beats?
Por: Pedro Massai

La vuelta de The Chemical Brothers a Chile ha despertado más de una sensación de hype, acelerando esas ganas de que ya sea 13 de febrero. Y no es solo la cercanía con el día del amor, sino también la posibilidad de ser testigos de la experimentación electrónica que pueden derrochar estos cerebros del house, el big beat y sus múltiples combinaciones, en un formato DJ set donde el riesgo, la sorpresa y la lectura de pista marcan la pauta.
Y es que la gran diferencia entre el live show, donde los ingleses han dado cátedra al mezclar el pulso sonoro con una estética de espectáculo colorido y milimétrico, y la propuesta en formato DJ set, radica en la libertad. Aquí, la paleta musical a la que acuden mientras están en acción se va entrelazando con melodías y pasajes especiales, construidos en tiempo real según el furor y la energía que emana del público entregado a esa magia. Algo de eso se vivió en Córdoba hace poco más de un año, cuando el dúo extendió su set por más de tres horas durante la celebración del aniversario 25 de La Estación, dejando en claro que, en este formato, la pista también escribe el guión.
El legado de los oriundos de Manchester se remonta a los comienzos de los años noventa, cuando la cultura rave y el house comenzaban a tomar fuerza en el Reino Unido. Antes de convertirse en un fenómeno global de festivales y grandes escenarios, Tom Rowlands y Ed Simons forjaron su identidad en pistas de baile y eventos ligados al naciente movimiento EDM, entendiendo desde temprano que la conexión con el público era tan importante como el golpe del beat. Ese recorrido inicial pronto se tradujo en discos que hoy son auténticos manuales de la electrónica moderna. Exit Planet Dust (1995) sentó las bases de su identidad, mientras Dig Your Own Hole (1997) los empujó definitivamente al centro de la escena global, con tracks que aún hoy incendian el dancefloor apenas suenan los primeros compases. Himnos como “Block Rockin’ Beats”, “Hey Boy Hey Girl” o “Galvanize” no solo marcaron época, sino que siguen funcionando como detonadores colectivos, capaces de transformar una pista en un ritual compartido.
En Chile ya tuvimos el privilegio de recibir a estos verdaderos “químicos” musicales junto a su laboratorio de decibeles, en presentaciones que quedaron grabadas en la memoria colectiva de quienes vivieron esa experiencia desde la pista. En octubre de 2004, en el actual Claro Arena (San Carlos de Apoquindo), los británicos debutaban en el país, sobreponiéndose a problemas de audio y acoples de parlantes que no serían impedimento para desatar una fiesta épica.
El segundo acto durante noviembre de 2007, tuvo al icónico Creamfields como escenario de la fiesta. Compartiendo pista con otros imperdibles de la movida electrónica, como el productor Carl Cox o los alemanes de Tiefschwarz, los “químicos” cerraron un stage que no paró de moverse al ritmo de clásicos como “Out of Control”, “Under the Influence” y “Chemical Beats”. “Surrender” (1999) estuvo bien cubierto por los ingleses esa jornada.
La última, en 2015, fue una clase de mezclar arte con música. En el contexto de Sonar Sound, festival electrónico alternativo de orígen español (Barcelona), que ese año se estrenaba en nuestras tierras, los ingleses compartían cartel con otros emblemas del circuito, como Hot Chip, Gorgon City y Modeselektor. En ese marco, el dúo aterrizó bajo la gira de “Born in The Echoes”, desatando una interminable sesión de colores, luces y destellos que alimentaban cada beat salido del laboratorio. En más de 90 minutos, The Chemical Brothers marcó un show que queda en la retina aún de los asistentes, de ese extinto recinto llamado Hangares Suricato (Cerrillos).
El hype es evidente: ya solo queda esperar a que los botones hablen por sí mismos. La previa del Día del Amor se vive en clave electrónica, con The Chemical Brothers inyectando una dosis intensa de house en la sangre del público chileno.