Pareciera que, desde el inicio de esta década, Chile se ha convertido en el epicentro de un resurgimiento moderno del emo y el post-hardcore. Lo que comenzó con visitas de alto impacto como las de My Chemical Romance, Pierce the Veil o Paramore, hoy sumó un nuevo capítulo fundamental, y la lista solo se extiende si miramos hacia propuestas de nicho que también han encontrado su espacio en la cartelera nacional. En este contexto, el regreso de Alesana al Teatro Coliseo este 24 de febrero se sintió como una pieza más de un rompecabezas emocional que parece no agotarse, esta vez con la excusa de celebrar los 15 años de su trabajo más emblemático: The Emptiness.
Por: Joaquín Bravo

Fotos: Agustín León
La jornada no podía comenzar de mejor manera. Se agradece cuando las productoras logran una curatoría que realmente dialogue con el plato principal. Los nacionales Dead Kings fueron la elección perfecta. Aunque para algunos eran un nombre nuevo, su paso por el escenario dejó un sabor de boca impecable. Con el Coliseo ya a media capacidad, la banda entregó un set breve pero cargado de técnica y carisma, logrando conectar de inmediato con una audiencia que ya empezaba a soltar las primeras gotas de sudor. Con un sonido directo y una presencia escénica carismática, los chilenos cumplieron con creces la tarea de calentar los ánimos y preparar el terreno para lo que vendría después.

Mientras se realizaban los últimos ajustes técnicos para el plato principal, la postal en la cancha era nostálgica y vibrante. La audiencia estaba compuesta por una base sólida de quienes crecieron con estos sonidos, los llamados "elder emos", junto a una nueva camada de seguidores que adoptaron la estética con el mismo rigor. El "uniforme" oficial se hizo presente: ojos sombreados, delineados marcados, calcetines de cuadros y esas poleras a rayas que se resisten a desaparecer del closeth. Entre adultos que hoy ya lucen sus tatuajes con orgullo y jóvenes que recién descubren el género, la expectativa crecía, y se manifestaba en gritos espontáneos cada vez que el equipo de escenario probaba algún instrumento o salía alguien de detrás del telón.
Pasadas las 9:00 PM, el silencio repentino de la música de ambiente dio paso a la locura. se cortó de golpe y las luces del teatro se apagaron, dando paso a la entrada de los músicos bajo un estruendo ensordecedor. No hubo preámbulos: los primeros acordes de "Curse of the Virgin Canvas" bastaron para fracturar la calma. El resultado fue inmediato, ya que se armaron dos moshpits simultáneos, uno a cada lado del recinto, y una mezcla de empujones, gritos de alegría y lágrimas contenidas. La intensidad fue tal que, en cuestión de minutos, el aire en el sector frontal del Coliseo se volvió denso y caluroso, un elemento que abrazamos como parte integral de la experiencia física del concierto.

Alesana optó por hablar poco y tocar mucho. No hacía falta más. La banda se dedicó a repasar The Emptiness casi de corrido, manteniendo el loop emocional constante entre la agresividad de los gritos y la melancolía de sus letras. Fue interesante observar cómo la banda manejó la dinámica de sus tres voces, logrando que los matices entre los gritos más agresivos y las melodías limpias se escucharan con nitidez a pesar del caos que se vivía en la barricada. Cada canción parecía recargar la energía de la gente en lugar de agotarla, repitiendo un ciclo de movimiento constante en el pit y coros masivos que tapaban, por momentos, la propia amplificación del lugar.

Hacia el final, tras cerrar el ciclo conceptual del disco con "Annabel", el grupo realizó la clásica retirada falsa para volver con un encore breve pero certero. Solo dos canciones fuera del álbum aniversario bastaron para dar el último respiro de energía antes del cierre definitivo con la infaltable "Apology".
Fue un concierto corto, redondo y sin rellenos. En tiempos donde los shows suelen extenderse de más, hay veces que se agradece la concisión, especialmente para quienes ya tenemos el lóbulo frontal desarrollado y las rodillas empiezan a reclamar el paso del tiempo. Chile es un país de nostálgicos empedernidos y, mientras sigan viniendo bandas que marcaron para algunos, la era dorada de los dosmil, ahí estaremos.
Setlist de la noche:
The Emptiness (Álbum completo)
Curse of the Virgin Canvas
The Artist
A Lunatic's Lament
The Murderer
Hymn for the Shameless
The Thespian
Interlude 3
Heavy Hangs the Albatross
The Lover
In Her Tomb by the Sounding Sea
To Be Scared by an Owl
Interlude 4
Annabel
Encore:
This Is Usually the Part Where People Scream
Beyond the Sacred Glass
Apology
ALESANA
