Melissa Aldana y su nuevo disco: "Tenía ganas de decir menos, pero decirlo con más verdad"

Melissa Aldana vive desde 2007 en Estados Unidos y desde 2010 está radicada en Nueva York. Para la saxofonista la vorágine de la ciudad más cosmopolita del mundo es pura influencia. "Hoy no hay otro lugar que me empuje a crecer de esta manera, tanto como música como persona", dice.

Por: Matías Muñoz

Será entonces que esa vitalidad la empujó a pasar de trabajos intensos como saxofonista a una mirada más íntima en "Filin", su último disco bajo el alero del sello Blue Note, de gran recorrido en el jazz (tuvo entre sus filas a Thelonius Monk, Herbie Hancock, Art Blakey, Lee Morgany muchos más).

Enfocado en baladas y en formato cuarteto, Aldana explora nuevos sonidos y presentará este álbum el próximo 16 de febrero en el Teatro Nescafé de las Artes.

Este enfoque de la saxofonista chilena sigue demostrando por qué es una de las artistas chilenas más interesantes del momento.

“Filin” es un proyecto que dices venías soñando hace años. ¿Por qué sentiste que este era el momento preciso para hacerlo ahora y no antes?

  • "Filin" es un disco que necesitaba tiempo interno. Durante años sentí el llamado, pero no tenía todavía el silencio ni la madurez emocional para sostenerlo. Después de tanto movimiento, de tanta expansión musical y vital, apareció una necesidad muy clara de ir hacia adentro, de confiar en lo mínimo. Este fue el momento porque ya no tenía apuro; podía quedarme con una nota y escucharla de verdad.

Venías de discos muy intensos y expansivos como “12 Stars” y “Echoes of the Inner Prophet”. ¿Qué necesidad creativa aparece después de ese recorrido que te lleva a un álbum de baladas?

  • Después de discos tan intensos, sentí una especie de cansancio creativo —no negativo, sino honesto. Tenía ganas de decir menos, pero decirlo con más verdad. Las baladas me ofrecieron un espacio donde el sonido no empuja, sino que respira. Fue una necesidad de vulnerabilidad, de quitar capas en vez de sumar.

Trabajar exclusivamente con tempos lentos exige otro tipo de escucha. ¿Qué te reveló el tempo lento sobre tu propio sonido?

  • El tempo lento me obligó a enfrentarme a mí misma sin distracciones. En esos espacios largos, cada vibrato, cada ataque, cada silencio habla. Descubrí cosas de mi sonido que antes pasaban rápido, escondidas en la energía. Aprendí a confiar en la fragilidad del momento.

Has mencionado “Ballads” de John Coltrane como una influencia clave. ¿Qué te sigue enseñando ese disco hoy?

  • "Ballads" me sigue enseñando cómo habitar una melodía con humildad. No hay ego ahí, solo servicio a la canción. Cada vez que lo escucho me recuerda que la profundidad no está en la complejidad, sino en la intención y en el amor con que se toca cada nota.

¿Hay influencias no musicales, como libros, personas, experiencias, que estén entrando en tu sonido?

  • Absolutamente. Las personas que he amado, las pérdidas, los duelos, las conversaciones que no terminan. También la literatura —la poesía en particular— y el simple acto de observar. Todo eso entra en el sonido, aunque no se pueda nombrar directamente.

¿Qué es lo más difícil de sostener viviendo tantos años en Nueva York? ¿Qué te entrega la ciudad que ningún otro lugar podría darte hoy?

  • Lo más difícil es la exigencia constante: emocional, económica, energética. Nueva York nunca se detiene. Pero eso mismo es lo que me da tanto. La ciudad me confronta, me mantiene despierta, me obliga a ser honesta conmigo misma. Hoy no hay otro lugar que me empuje a crecer de esta manera, tanto como música como persona.