El sorpresivo anuncio del debut del trío japonés en nuestro país prometía uno de los más ruidosos e inesperados shows del año. Haciendo gala de su ecléctica trayectoria y celebrando los 20 años de “Pink”, Wata, Atsuo y Takeshi no defraudaron.
Por Matías Muñoz

Fotos: Juan Pablo Morales
Se puede decir que Boris entrega lo que promete. Flanqueados por sus clásicos e impecables amplificadores Orange (seis en escena, en este caso), Atsuo, Takeshi y Wata desplegaron una atronadora selección de “Pink” (2005) con una precisión y timidez en partes iguales.
Y es que el trío, que debutaba en nuestro país, habla a través de sus riffs y unos escuetos saludos y agradecimientos, mostrándose tremendamente imperturbables sobre el escenario hasta el momento de encender la noche con la densidad de “Blackout” y “Pink” entre el remezón del gong y el humo.
Boris sobre el escenario es una exhibición de tres veteranos del ruido que descifraron la fórmula a base de saturadores y fuzz, sin adornar de más sus canciones y demostrando una envidiable transición entre drone, doom, sludge, metal y lo que sea.

Son administradores de un sonido único que han sabido cuidar y honrar, plantándose como un grupo de extravagantes vestuarios, colores, un bajo-guitarra doble, un gong y pasajes que parecen sacados de una versión alternativa de Guitar Hero.
Con “Woman on the screen” y “Nothing Special”, Wata rompe el espeso humo con su frenética guitarra y una actitud monolítica. Takeshi, en su mundo aparte, a ratos pareciera desdoblarse entre su bajo-guitarra, perdiéndose entre su pelo negro y la voz que comparte con Atsuo.
Atsuo, de mirada amenazante, desafío constantemente al público que respondía a los golpes de gong y sus interacciones con la masa que lejos de permanecer hipnotizados o aturdidos por el volumen, entraron en un trance de mosh con cada canción.

A estas alturas, Chocolate parecía venirse abajo con “Ibitsu” y “A Bao a Qu”, dos canciones que no forman parte de “Pink” pero que rescatan otras inquietudes sonoras del grupo (y mantienen el mismo volumen), con Wata nuevamente sobresaliendo en cada solo e intervención.
“Just Abandoned Myself” y “Farewell” continuaron el repaso de “Pink” y su aniversario coincidiendo con el cumpleaños de Wata en nuestro país a quien, por supuesto, se le cantó dos veces y apagó las velas sobre el escenario antes de interpretar la lenta y espesa “Flood” al cierre.

Boris debutó en nuestro país haciendo lo que mejor saben desde los noventa: tomar el ruido, desdibujarlo y ensamblarlo en formato trío de manera única y original, con la precisión característica de quienes han sabido influenciar más allá de sus fronteras.
BORIS
