My Chemical Romance en Chile: Nostalgia a sangre y fuego

En la primera de sus dos noches en el país, My Chemical Romance se permitió todo. La banda despachó un espectacular show de luces, teatro y mucho fuego para acompañar uno de sus mejores setlist en lo que va de la gira.

Por Matías Muñoz

Fotos por Guille Salazar - Lotus

Tras más de una década, toda una generación esperaba el retorno de My Chemical Romance. Por otro lado, otra generación más joven descubría un nuevo mundo con los hits de “Three Cheers for Sweet Revenge” (2004) y “The Black Parade” (2006). El miércoles 28 de enero en el Estadio Bicentenario de La Florida se encontrarían aquellas generaciones para volver a dar vida a clásicos que se mantuvieron vigentes.

Con esa intensidad en el ambiente, mucho negro, maquillaje, corbatas rojas y outfits sacados de la adolescencia emo, los sectores del estadio comenzaban a llenarse para la larga espera. Casi como vampiros temerosos del sol, un puñado de jóvenes evitaba la cancha para guarecerse entre el sector de tribuna y baño a observar el show de apertura local: HVNVBI.

Mientras bajaba el calor, el escenario se preparaba para los invitados especiales de la gira. The Hives, los legendarios y revoltosos rockeros suecos, encendieron el ambiente con un certero y acotado set que incluyó “Enough Is Enough”, “Main Offender”, “Hate to Say I Told You So” y “Tick Tick Boom”, entre otras.

Y es que The Hives saben cómo montar una fiesta. El grupo, alejado del sonido y estilo de MCR, comparte la brecha generacional y al mismo tiempo saben cómo ganar fans donde sea que toquen. Basta con su energía, carisma y locura para hacer caer a cualquiera. Con sus atuendos de traje negro, cada uno por igual, iban demostrando su destreza y por qué son una de las mejores bandas de rock para ver y disfrutar en vivo.

Pelle Almqvist y compañía son un equipo arrollador que no se detiene en su cometido: hacer rock. “El silencio no está invitado a un concierto de los Hives”, decía Pelle. Y así fue. Cada canción y cada momento era un golpe de energía, baile y gritos que mantuvo en alerta a todos. Mientras algunos fans esperaban ver a The Hives nuevamente en vivo, otros jóvenes fans descubrían al quinteto de suecos locos y vivían la experiencia Hives.

A estas alturas, que el show de apertura sea The Hives es un riesgo. La banda, desbordando potencia y regalando un breve pero potente show, deja gusto a poco y los ánimos muy arriba como para esperar con calma. Aún así, los suecos siempre serán un imperdible en donde estén.

Con los crípticos mensajes en las pantallas y el ojo vigilante en lo alto del escenario, el show de My Chemical Romance comenzaba a tomar forma. “Long Live the Black Parade” tiene una estética militar sombría y brutalista, que narra la historia distópica de Draag con un dictador y la banda, presa de su propaganda.

Vestidos con los uniformes negro y blanco clásicos de la época Black Parade, el grupo salió al escenario acompañado de una enfermera y misteriosos personajes que acompañaron la puesta en escena.

Con la teatralidad que los caracteriza, esta encarnación del grupo parece distante y hostil. Las pantallas son vigilantes y cada uno una especie de títere del régimen que los oprime. Así, el grupo comenzó con “The End.” y “Dead!”, dando inicio a la locura colectiva.

“This Is How I Disappear” y “The Sharpest Lives” le siguieron con la presencia intimidante del ojo, que pasaba mensajes, observaba y fotografiaba a la banda, mientras subía y bajaba. El show recién comenzaba, pero la historia y las espectaculares visuales ya contaban mucho del segmento dedicado a “The Black Parade”.

A estas alturas, el significado de Black Parade se transforma y altera incluso la línea temporal del grupo. Draag es un país ficticio y autoritario, y el concepto distópico central de la gira. Gobernado por un “Gran Dictador Inmortal”, este concepto presenta a la banda como un grupo de propaganda obligado a tocar para complacer al régimen.

Como evolución teatral del universo narrativo de “The Black Parade”, este concepto acompañó toda la primera parte hasta llegar, por supuesto a “Welcome to the Black Parade”, uno de los puntos más emotivos del show mientras Gerard Way cantaba desde un podio.

“I Don't Love You” fue otro de los puntos más emotivos del show, con el estadio cantando a coro y encendiendo sus linternas. Entre medio, cada visual y aparición especial sobre el escenario de la enferma (quien además cantaba lírico), el barrendero y personaje recurrente de la puesta en escena y los músicos de apoyo que incluían teclados, percusión, cello y violín, formaban una perfecta película que se iba desarrollando entre canciones.

La manera en que el grupo aprovechó la puesta en escena y las gigantes pantallas es admirable. La producción montó una película que en paralelo complementaba las historias de cada canción, con visuales llenas de color, flashes y un concepto general atrapante.

Hacia el final, “Teenagers”, “Disenchanted” y “Famous Last Words” purgaban con fuego y mucho fuego, pirotecnia y más llamas incluso sobre el escenario y los costados, la conclusión del lore de Draag y la posesión del grupo, que hasta el momento no se había dirigido al público. Mientras "Blood" adornaba el fondo, Way se subía a una camilla y acuchillaba al misterioso hombre en un mar de sangre y tripas.

Tras un interludio de cello eléctrico, la banda volvía a escena sin el uniforme, con ropas normales y una nueva personalidad. El fuego se apagó, las imágenes sombrias y brutalistas se acabaron y sobre el escenario sólo quedaban ellos.

“Volvemos a ser normales” dice Way antes de dar inicio a la segunda parte del show con “Boy Division” y el debut en vivo de “It's Not a Fashion Statement, It's a Fucking Deathwish”. La locura se volvía a apoderar del público que esperaba los clásicos.

Toro, Iero y Way, si bien no comparten la teatralidad y expresión de Gerard sobre el escenario, sí cumplen con ser una excelente banda y unos perfectos cómplices a la hora de soltar riffs rápidos y solos. Generosos, nuevamente hicieron debutar en la gira “Heaven Help Us”, marcando varias diferencias con los anteriores sets.

“I'm Not Okay (I Promise)”, que no podía faltar, hizo despertar a la cancha que parecía anonada por la intensidad del show y que esperaba gritar los himnos.

“SING”, “You Know What They Do to Guys Like Us in Prison” y “Hang 'Em High” también se estrenaron en vivo e introdujeron “Helena”, que coronaría la jornada con la emoción de todo el estadio, con incluso lagrimones de algunos fans.

En esta parte del show, Way se mostró tal como es. Interactuando con el público, riéndose, agradeciendo a todos y bromeando, mostrándose más cercano. Incluso el público bromeó con ellos pidiendo el beso entre Way y Iero.

Así, tras el furor de "Helena", la banda se despedía con otra sorpresa: "The Kids From Yesterday", que debutaba también en el tour. El grupo se encargó de probar y regalar en el país donde tendrán dos fechas a tablero vuelto uno de sus mejores setlist de la gira.

MCR demostró que en vivo son una banda sólida, divertida e infaltable de ver. Con este nivel de satisfacción en vivo, más de una década de espera pareciera ser nada comparado a todo lo que cada historia personal han vivido sus fans, cambiando y evolucionando junto a grupo pero reencontrándose en la nostalgia.