Vapors of Morphine en Chile: Escapando de la noche

El martes pasado, el trío de jazz rock de Nueva Orleans deleitó al público del Teatro NESCAFÉ de las Artes con interpretaciones de las composiciones fundamentales de la banda noventera de culto Morphine, además de presentar canciones nuevas. A pesar del contexto nacional vivido ese día, el público mostró un entusiasmo tremendo.

Por: Joaquín Reyes

Foto: Luis Marchant

En medio de la incertidumbre de una jornada caótica, marcada por un inesperado (e histórico) apagón que afectó a la mayor parte del país y que derivó en la declaración de un toque de queda, se confirmó que el concierto de Vapors of Morphine se realizaría con normalidad en el teatro de Providencia. Esto fue posible gracias a los generadores del recinto, que permitieron alimentar el espectáculo. Al parecer, los comandados por Dana Colley tenían un gran deseo de presentarse en el país, considerando además que este era el último concierto de su gira sudamericana. Con un público que, pese a las circunstancias, casi llenó el recinto y una banda mostrando una particular explosividad, la gira del trío concluyó con un concierto memorable.

El show de Vapors comenzó a las 20:30 sin previo aviso, probablemente para asegurar un cierre antes del inicio del toque de queda. La gente aún se acomodaba en sus asientos cuando se escucharon las primeras notas en el bajo de dos cuerdas de Jeremy Lyons. La velada arrancó con clásicos de la histórica alineación de los 90, comenzando con tres de los temas más memorables del álbum debut de Morphine: “Have a Lucky Day”, seguido de la reiterativa pero cautivante “Good” y, finalmente, la más pausada y reflexiva “The Other Side”. Jeremy tenía la difícil tarea de llenar el vacío dejado por el fallecido Mark Sandman, y lo hizo con gran calidad.

Tras estas canciones, Tom Arey se acercó al micrófono para dar un mensaje corto y preciso: “El show debe continuar”. La labor del baterista iba más allá de marcar el ritmo con brillantez en cada tema; también era el encargado de dar la señal de partida a sus compañeros en cada canción. Un breve conteo, un choque de baquetas y a la carga.

Las canciones del aclamado Cure for Pain, como “I’m Free Now” y “Mary Won’t Call Your Name”, ayudaron a nublar las preocupaciones sobre lo que ocurría en la oscuridad total de Santiago, funcionando casi como el tipo de remedio al que hace alusión el nombre de la banda de Mark y Dana. Este último, por su parte, se mantiene más vigente que nunca con el saxofón. Luego de 30 años de excelencia con el instrumento, sus líneas melódicas parecían extraídas directamente de los discos de estudio, lo que también hablaba del excelente sonido del teatro, que se escuchaba de manera fenomenal hasta en las zonas más traseras.
Luego de golpear con clásicos de la banda a la que rinden tributo, Jeremy le dio un descanso a su excéntrico bajo para dar paso a guitarras eléctricas y bajos de cantidad de cuerdas “estándar”, lo que permitió la presentación de los temas originales de Vapors of Morphine. Se escuchó “Drop Out Mambo”, el instrumental inspirado en el jazz de Nueva Orleans “Renouveau/Daman N’Diaye” y, más adelante, la experimental “Blue Dream”, que incluyó la cómica adición de la alarma telefónica de Jeremy en el clímax de la canción, como si sirviera para despertar del trance que genera su segunda mitad. En ese momento, Dana, quien ya había hecho comentarios graciosos sobre el tema anteriormente, bromeó diciendo que la “compañía eléctrica” era la que estaba llamando.

Tras la interpretación de estos temas originales, vino una segunda parte más acelerada con versiones de clásicos de Morphine. Destacó la gran versión de “Sharks”, del álbum Yes. Esta vez, Jeremy no estuvo a cargo de la voz; la parte originalmente hablada por Mark Sandman con la batería de fondo fue asumida por Dana, quien, tras finalizar su intervención, tomó aire para ejecutar los característicos solos de saxofón de la canción.

Dana y Jeremy se encargaron de destacar que las canciones que interpretaban fueron, en su mayoría, escritas por el fallecido vocalista, a quien rindieron tributo entre tema y tema. También recordaron a Billy Conway, baterista original de Morphine y antiguo integrante de Vapors of Morphine, con emotivas palabras.
La puesta en escena del show fue simple pero cautivadora. Cada integrante del trío tenía su propio foco de luz, que nunca los abandonó. Los juegos de luces de colores que recorrían las paredes del teatro entre canciones daban la impresión de pinturas abstractas, complementando perfectamente la atmósfera creada por los riffs de bajo y los solos de saxofón.

El cierre del espectáculo comenzó con un instrumental en el que la estrella fue Tom Arey. En medio de la sinergia generada por la mezcla del bajo, el saxofón y la batería, se le dio espacio al baterista para un solo frenético, con múltiples cambios de tempo, acelerándose cada vez más mientras Jeremy y Dana lo observaban desde los lados del escenario, intercambiando palabras entre ellos mientras Tom se incendiaba musicalmente. Todo concluyó con un cierre preciso en el que los tres instrumentos se unieron nuevamente.

El broche de oro lo puso “Souvenir”, del último disco de Morphine, una interpretación catártica gracias al gran trabajo en equipo de los músicos en escena. Finalmente, la banda despidió la noche con su canción más emblemática: “Buena”. La línea de bajo, el saxofón de Dana irrumpiendo en los momentos exactos y el grito del coro, replicado en murmullos por los espectadores, fueron los protagonistas de esta última interpretación.

Antes de retirarse, la banda agradeció la disposición del público y expresó su deseo de que todos llegaran sanos y salvos a sus hogares. El show de Vapors of Morphine fue un respiro en una noche más oscura de lo habitual. Esperemos que el nuevo show que se está negociando pueda concretarse, para que absolutamente nadie se pierda el brillante talento de esta banda de jazz rock, que no solo disfruta tocar para su público, sino que también sigue rindiendo tributo a los caídos de Morphine.

Galería fotográfica por Luis Marchant

VAPORS OF MORPHINE