The Winery Dogs en el Teatro Coliseo: Un trío de perros entregados al poderío del hard rock

La agrupación estadounidense tuvo un paso demoledor por el recinto santiaguino, luego de ofrecer una performance de pesada envergadura que dejó al público subiendo los decibeles del show durante toda la jornada. Con prominentes solos de guitarra y bajo, más unas estruendosas cajas, el supergrupo neoyorquino supo dar cátedra de hard rock y repasar lo mejor de su vasta discografía.

Por Fernando Vilches

Foto por Reirner Gonzáles

En el marco de su más reciente trabajo “III”, los perros de la bodega decidieron comenzar su gira por Latinoamérica en nuestro país y así retornar a este por tercera vez. La banda está compuesta por tres integrantes, quienes tienen un lugar tipificado en la industria musical hace años. Y si mencionamos a Mike Portnoy, Billy Shehaan y Richie Kotzen, podemos hacernos una idea del nivel de artistas que estamos hablando. Su primer proyecto, el homónimo “The Winery Dogs”, nos hizo vislumbrar el sonido el cual hoy los establece como potencias del género. El hard rock toma las riendas de la agrupación estadounidense y con suaves tintes de rock progresivo y blues, logran una acústica inconfundible que nos mete en una máquina del tiempo y nos arroja directamente a la década de los 70’.

Velvet Chains

De inaugurar la velada se encargó la banda oriunda de Los Vegas, Nevada: “Velvet Chains”. Con dos integrantes chilenos-vocalista y bajista- y tres estadounidenses-baterista y dos guitarristas-, la multinacional agrupación se lanzó al escenario con una propuesta muy rockera y similar a la del plato principal de la noche, permaneciendo alrededor de 30 minutos sobre el escenario. Si alguien se robó las miradas y orejas de los asistentes, fue Ro Vipper, el frontman del grupo quién tuvo un desplante vocal formidable y se encargó de hacer el nexo con el público chileno. Dentro de la lista de canciones que interpusieron durante el temprano itinerario, se encontró un llamativo cover: “Suspicious Minds” de Elvis Presley se encargó de ejercer armonización entre la banda y la gente presente, enseñando una versión con arreglos atronadores y vigorosos. Se retiraron del escenario con un público satisfecho y ansioso por ver a los patrones de la noche.

Foto por Reirner Gonzáles

The Winery Dogs

El conjunto neoyorquino se plantó sobre él emblemático escenario del Teatro Coliseo y la masiva convocatoria comenzó a vibrar lo que sería una magna velada. Un telón gigante con la portada del último álbum se encontró atrás de los virtuosos músicos y adicionalmente un matiz conjunto de luces colaboró para formar la escena que veríamos durante toda la noche. La guitarra de Kotzen no demoró en aparecer y junto a las cajas, golpearon las paredes del recinto, sumado a un bajo que dio la tónica para iniciar el espectáculo. “Gaslight” comisionó la puesta en marcha del show y a esta le siguió “Xanadu”-tema que ya suena como si fuera un clásico de antaño- dos canciones provenientes de su último disco.

Foto por Reirner Gonzáles

Los solos no demoraron en llegar al lugar y si algo caracteriza a esta banda, es que en sus presentaciones en vivo suelen extender sus canciones para el deleite de sus fanáticos. Tanto en “Captain Love” como en “Hot Streak”, pudimos apreciar una conexión envidiable entre Kotzen y Shehaan, surfeando entre las cuerdas de sus respectivos instrumentos, dándose pases invisibles entre solo y solo, y otorgándole el respectivo protagonismo que necesitan los tambores en canciones como estás.
Ya con 30 minutos de sólida exhibición, la parrilla de canciones se fue alternando entre el disco homónimo y el refrescante “III”. Por supuesto que la algarabía de los cientos de fanáticos se desbarataba cada vez que el frontman de la banda imponía su impecable voz y con “Mad World” la historia no fue diferente. El contagioso riff de guitarra no dejó a ninguno de los presentes indiferentes, mientras estos entonaban versos como “Turn from a scar into a pearl, We’ve got the love” o “Living in a mad mad world”.

Si algo hay que destacar de los shows que ofrece “The Winery Dogs”, es la capacidad de simplificar lo complejo. Si bien, vemos solamente a una banda que está compuesta por tres músicos, la delicada entrega de cada nueva melodía y la prudencia de los magníficos solos nos hace dejar de lado cualquier reflexión que sugiera algún instrumento o integrante adicional. La fiesta de los perros solo tiene espacio para tres.
Cuando hablamos de que nos dieron cátedra en lo que mejor saben hacer, nos referimos al sublime segmento que nos regaló Billy Shehaan. Un dominio del instrumento de las cuatro cuerdas excepcional, que distó de la simpleza o sencillez. Mientras el bajista interpretaba su solo, sus dos compañeros de banda abandonaron el escenario, dejándolo en un momento de exclusiva prominencia, quien gozó de un gran desplante sobre el escenario.

Foto por Reirner Gonzáles

Ya acercándonos al término del concierto, llegó su momento tácito y con eso nos referimos a el primer y único encore. La fanaticada supo que les esperaban a lo menos un par de temas más, por lo que esperaron desde sus posiciones listos para vibrar el último respiro del show. A la brevedad, Shehaan y Kotzen volvieron a sus ubicaciones, aunque esta vez el prodigio guitarrista decidió dejar su predilecto instrumento de lado y sentarse en frente del teclado. Este movimiento tiene su porqué y se resume en un tema: “Regret”. La canción comenzó apenas llegó Portnoy con sus baquetas y con la polera de la selección chilena de fútbol. Un pequeño pero notable cambio por parte del percusionista. Una canción más delicada y suave por la ausencia temporal de la guitarra, que fue reemplazada por las agradables teclas. El guitarreo retornó al final de la canción para ser tocada como de costumbre por el mismo Kotzen. Los espectadores vivieron el colosal cierre de la noche de martes junto a la última canción que quedaba en el tintero, la grandiosa “Elevate”, quién arrojó el temperamento general hasta los cielos, para así culminar el show con broche de oro.

“The Winery Dogs” o los perros de la bodega se escaparon al coliseo para brindar una exquisita interpretación, que fulminó en una prolija e ingente exhibición de hard rock, de la mano de uno de sus grandes exponentes contemporáneos.

Setlist:

  1. Gaslight
  2. Xanadu
  3. Captain Love
  4. Hot Streak
  5. Desire
  6. Breakthtrough
  7. Time Machine
  8. Stars
  9. Damaged
  10. Mad World
  11. Solo de Bajo
  12. The Red Wine
  13. I’m No Angel
  14. Oblivion
    Encore
  15. Regret
  16. Elevate

Galería fotográfica por Reiner Gonzáles

VELVET CHAINS

THE WINERY DOGS