La cantautora australiana vuelve a hacer noticia en la esfera del indie rock con su primer álbum de estudio en cinco años. Marcado por cambios radicales que le han ocurrido en los últimos años, CB presenta un disco pulido, con gran instrumentación, sorprendentes invitados y con la introspección como protagonista.
Por: Joaquín Reyes

Hace mucho que no se escuchaba una voz tan encantadora como monótona como la de Courtney Barnett. Esa que nos encantó jugando tenis en “Avant Gardener” y en su debut “Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit”¨ de 2015. Composiciones que sonaban crudas y distorsionadas se mezclaban muy bien con una cantante que parecía conversarte por la naturalidad de su estilo al ponerse frente al micrófono, como en la famosa “Pedestrian at Best”. Algunos dirían que su estilo slacker se pulió más en “Tell Me How You Really Feel” de 2018, un proyecto que derrocha personalidad y carisma entre un mar de guitarras afiladas y baladas indie infravaloradas, como “Charity” y “Need a Little Time”, respectivamente.
Lo último que habíamos escuchado en estudio había sido el LP nacido en pandemia, “Things Take Time, Take Time”. Un álbum que mantiene evidencias del talento lírico de Courtney, pero que sacrifica el ruido y la distorsión de sus trabajos anteriores por un sonido más acústico y lo-fi. El disco tiene un liricismo potente, pero le faltaba una dirección sonora clara, algo que sus discos pasados sí tenían muy definido.
Un gran parón musical siguió, pero eso no significó que fuera del estudio la vida se detuviera. Varios factores externos son clave para entender la creación del cuarto disco de Barnett: el cierre de la disquera independiente australiana que fundó al inicio de su carrera, el bloqueo de escritor que se pudo apreciar en el documental +“Anonymous Club”+ y, principalmente, su mudanza a Los Ángeles, luego de haber vivido y producido todos sus discos en Australia. De todo esto surge la masa de inspiración de Creature of Habit, lanzado el 27 de marzo del presente año.
El tipo de disco que será queda claro desde los primeros segundos de la canción inicial, “Stay in Your Lane”: una percusión potente por parte de la baterista de Warpaint, Stella Mozgawa, que se mantiene latente durante toda la canción, junto a un riff de bajo espectacular que no se escuchaba tan potente en un disco de Courtney quizá desde su álbum debut, dejando atrás el estilo más suave y relajado del proyecto posterior a la pandemia.
El speaking voice de Barnett aborda las ansiedades que producen los cambios y la búsqueda de independencia para enfrentarlos, llegando a un coro con voces en eco que refuerzan la sensación de diálogo interno. La ansiedad y la adaptación a ella funcionan como eje central del álbum, especialmente considerando lo que significó mudarse a otro continente, lejos de Australia, y el terror que puede generar ese cambio. Courtney destaca líricamente en esta canción, así como en la penúltima del disco, “Great Advice”, donde la autocrítica con un toque de humor es clave para entender su intención de aprender a estar más tranquila; quizás sabe que necesita ayuda, aunque también quiere descubrir lo nuevo por sí misma.
El disco, de todas formas, mezcla momentos de ruido con baladas suaves y canciones de melodías dulces. “Wonder” se lleva el premio a la canción líricamente más triste, pero a la vez más agradable al oído, donde la vocalista relata las incertidumbres que le dejó una ruptura, acompañada de una línea de guitarra preciosa y una adición precisa de sintetizadores en los coros. “Mostly Patient” es una canción sostenida solo por guitarra, donde melancólicamente se canta sobre cómo descifrar a una persona que no está en su mejor momento. Probablemente es la canción estructuralmente más simple del disco, pero la voz de Courtney maneja muy bien los matices para elevar el tema.
El sencillo principal, “One Thing at a Time”, es probablemente la canción más cargada del disco. Cuenta con una parrilla de invitados que incluye no solo a la baterista de Warpaint, sino también a Flea en el bajo, quien se hace notar desde el primer minuto. La búsqueda de la calma interna en medio de un cambio radical se traduce en un grito rockero que culmina con un solo de dos minutos que recuerda al estilo de J Mascis de Dinosaur Jr. También vale la pena destacar “Same”, donde deja su marca Samuel Shepherd (Floating Points), aportando sintetizadores que funcionan como columna vertebral de un tema con tintes dance-punk muy bien acompañado por un riff de bajo tremendo.
“Site Unseen” (con Waxahatchee) y “Mantis” siguen la línea melancólica de aventurarse hacia lo desconocido. La primera destaca por los coros de apoyo de la cantante indie norteamericana, mientras que la segunda presenta cambios de voz al final que reflejan una aceptación de lo incierto y la decisión de seguir adelante. El cierre con “Another Beautiful Day”, aunque no sea tan dramático como se podría esperar, termina con un bonito mensaje sobre aprender de lo cotidiano, con ese encanto simple de las mejores canciones de Courtney. Además, el solo de guitarra es un gran broche final. “Creature of Habit” es una excelente adición a la biblioteca del indie actual. Siguiendo su estilo simple y medio slacker que la llevó a la popularidad, Courtney ahora suma una lírica más madura y una producción que no teme salir del formato clásico de guitarra y batería, apoyándose en grandes colaboradores. Discos de estructura simple, pero con mensajes potentes nunca sobran en los tiempos actuales. Ojalá poder verla pronto presentando estas canciones en vivo en Sudamérica.