Andy Bell en Santiago: bailar también es un acto de verdad

Andy Bell vino a Chile a celebrar y el Teatro Caupolicán, completamente desbordado, lo entendió desde el primer minuto. Esta calurosa noche de un viernes de verano fue mucho más que un repaso por décadas de synth-pop o un ejercicio de nostalgia bien ejecutada: fue una fiesta luminosa y profundamente honesta. Algo que ni el propio Bell parecía terminar de comprender del todo, agradeciendo en reiteradas ocasiones al público, sorprendido por la cantidad de personas y por una entrega que no decayó en ningún momento.

Por: Paz Rojas G.

Fotos: Daniela Toledo

A las 21:00 horas de este viernes 16 de enero, tras un DJ set de apertura que dejó al público en sintonía con el pulso ochentero, el viaje comenzó de forma casi ceremonial. “Breaking Thru The Interstellar”, tema que abre Ten Crowns (2025), instaló un inicio etéreo que rápidamente se transformó en un coro expansivo y bailable. Desde ahí, el concierto avanzó con naturalidad, alternando material solista con clásicos de Erasure.

Andy apareció con chaqueta fucsia metalizada, lentes de sol y una mezcla entrañable de timidez y entusiasmo. Saludó al público con el español reconocible del artista, repitiendo cuánto significaba para él estar en Santiago, antes de dar paso a “Blue Savannah”. Bastaron un par de canciones para que el teatro completo estuviera de pie, bailando sin resistencia, mientras Bell comenzaba a despojarse de la chaqueta y de las capas físicas y simbólicas, con una euforia en aumento a lo largo del show.

El repertorio fluyó con elegancia. “Sometimes”, “Drama!”, “Chains of Love” y “Love to Hate You” funcionaron como detonantes colectivos, con un público que tomó los coros como propios. La banda acompañó con precisión, dejando espacio para que Bell transitara entre por el escenario del Caupolicán entre el baile, la cercanía y el relato, siempre con una sonrisa.

Hacia el tramo final, el concierto encontró uno de sus momentos más significativos cuando Andy Bell compartió una anécdota de su infancia. Contó que cuando niño nunca mentía, porque sabía que decir la verdad podía meterlo en problemas, pero mentir aún más. Relató que cuando le preguntaban si tenía novia, él respondía simplemente que tenía novio.“Siempre decía la verdad”, comentó, reflexionando sobre la importancia de no ocultarse y de vivir con honestidad, incluso cuando eso incomoda, siendo este discurso lo que lo posicionó como uno de los grandes activistas de la apertura sexual en los años 80’s.

Esa historia encontró un eco perfecto en el cierre del show. “Stop!”, “Oh L’amour” y finalmente “A Little Respect” no sonaron solo como clásicos, sino como declaraciones vivas. Especialmente esta última, convertida desde hace décadas en un himno histórico de la comunidad LGBTQ+, que fue cantada a una sola voz. En tiempos donde la nostalgia suele usarse como recurso fácil, Andy Bell transformó el teatro en un espacio de celebración y memoria.

ANDY BELL