Tras su inolvidable paso por Chile en 2024, el dúo suizo regresó este sábado 21 de marzo para consolidar su idilio con el público local, transformando el inicio de la temporada en un despliegue de vanguardia digital y sonidos progresivos.
Por: Fabián Valdebenito

Fotos: Constanza Orrego
El regreso de Adriatique a Chile este sábado 21 de marzo marcó un nuevo hito en la escena electrónica local, reafirmando la estrecha conexión que Adrian Shala y Adrian Schweizer han cultivado con el público santiaguino. Bajo el concepto de su aclamado espectáculo X, el dúo desplegó una propuesta que trasciende el formato de un set convencional para convertirse en una experiencia cinematográfica, donde la narrativa musical y las artes visuales se entrelazan de forma disruptiva. Este reencuentro no solo cumplió las expectativas, sino que elevó la vara respecto a su última visita en 2024, demostrando una evolución técnica y artística que mantiene a la capital chilena como una parada obligatoria en su radar.
La jornada comenzó a tomar forma con las atmósferas de Ccinni y John Cala, quienes junto al hipnótico sonido de Colyn, prepararon el terreno de manera magistral para el despliegue principal. Este show, que ya ha dejado una huella imborrable en epicentros de la cultura global como Ibiza, Nueva York, Ámsterdam, Londres y Tulum, llegó a nuestro país para ofrecer una exploración sonora que oscila entre lo tecnológico y lo orgánico. La precisión técnica y la atmósfera mística de X confirmaron por qué esta gira es considerada una de las producciones más sofisticadas de la actualidad, integrando visuales monumentales que envolvieron a los asistentes en una dimensión paralela de introspección y ritmo.
La cita cobró un matiz poético al coincidir exactamente con el inicio del otoño. Las texturas melancólicas y los beats envolventes característicos de Adriatique sirvieron como la banda sonora ideal para la transición de estación, conectando el cambio en el entorno natural con la energía de la pista de baile. Mientras la ciudad recibía los primeros aires otoñales, el paso de X por Santiago se transformó en el refugio perfecto para una audiencia que, tal como sucedió el año anterior, se entregó por completo a la elegancia y profundidad del techno melódico de primer nivel.
