Bandas como Travis hoy son una excepción a la regla. Ya no las hacen así. Con una verdadera esencia rockera y no libres de chascarros y desprolijidades en el sonido, el grupo compensó aquello con su sencillez, carisma y actitud, demostrando que un buen show trasciende y que aún es posible unirse en torno a la música.
Por: Matías Muñoz

Fotos: Agustín León
Cuando Francis Healy habla cuesta entender. Su acento típico escocés se cuela entremedio y eso nos hace sentir un poco identificados. Chilenos y escoceses comparten un particular acento y el vocalista de Travis lo sabe. Entre cada canción, Healy se abre con reflexiones, chistes y monólogos que hablan sobre el cariño, el estado del mundo, el origen de sus canciones. Esa cercanía se transmite y la emoción es colectiva.
No todas las bandas pueden completar 4 exitosas fechas en nuestro país. En el caso de Travis, su simpatía y cercanía con el público chileno se expandió en Viña del Mar, Frutillar, Concepción y Santiago, reafirmando que nuestro país es parada obligada para los escoceses.

Con un refrescante y enérgico set de hora y media y haciendo gala de su carisma y simpatía, el grupo regaló sólidas versiones de clásicos como "Sing" o "Driftwood", mientras repasaba himnos actuales como "Gaslight" o "Alive".
Pese a que merecían más, la banda repletó el Teatro Coliseo y a punta de hits mezclaron sensibilidad con una buena dosis de energía rockera a la antigua que pocas veces se ve sobre los escenarios.
El grupo sabe cómo manejar su show y regalonear al público que respondió a cada palabra y acto de cariño de Healy y compañía, quienes por su parte derrocharon energía y actitud. Bandas como Travis ya no las hacen así y gracias a esa virtud, carisma y talento es posible recordar la pura esencia de un show en vivo.

Y es que un show de rock a cargo de unos ya veteranos representantes de un sonido británico que ya es historia debería ser perfecto. Sin embargo, Travis no funciona así. Casi como con una actitud adolescente, el grupo se muestra relajado y cercano incluso en momentos de emoción colectiva como en los primeros acordes de "Flowers in the Window", donde tras diferentes problemas técnicos, la guitarra de Healy no sonó obligando a repetir la canción en dos ocasiones y provocando la frustración del cantante que no se hizo problemas, lanzó la guitarra al piso e invitó al público a seguir cantando.
Lamentablemente las desprolijidades técnicas acompañaron diferentes espacios del show, eso sumado a las constantes críticas a la calidad del sonido que entrega el teatro. Sin embargo, el grupo se concentró en regalar una experiencia única basada en mensajes de amor y fraternidad, solos de guitarra, piano y clásicos acústicos que han acompañado la historia de vida del cuarteto y también de sus fieles fanáticos chilenos.

Esa sensibilidad solapada entre guitarras demuestran que el grupo es único en su especie. La verdadera esencia rockera yace en sus casi 30 años de impecable trayectoria y amistad, buenas canciones y shows que siempre parecen como si fuera el primero. Esa energía y cercanía inagotable nos recuerdan que la música está ahí para unirnos y convertir una experiencia colectiva no en un recuerdo más.
TRAVIS
