Mac DeMarco regresó a Santiago la noche del 18 de abril con un Teatro Caupolicán completamente lleno, en un show que, lejos de cualquier artificio, se sostuvo desde la cercanía y una conexión constante con el público. A ocho años de su última visita, el canadiense volvió con una propuesta más introspectiva, marcada por su etapa reciente, pero sin soltar del todo ese imaginario que lo convirtió en una figura de culto para toda una generación.
Por: Paz Rojas

Fotos: Agustín León
Desde el inicio con Shining, el ambiente se sintió íntimo, casi doméstico, pese a que no cabía una aguja más en el recinto. En más de una ocasión, DeMarco comentó que estaba resfriado y que cantar no sería fácil. Lejos de generar distancia, ese detalle terminó reforzando el vínculo con el público donde hubo una especie de complicidad silenciosa, una lógica de cuidado mutuo que atravesó momentos como For the First Time, Still Beating o No Other Heart.
Sin embargo, y como era de esperar, la noche se encendió con el repaso por sus primeros éxitos. Cuando sonaron los acordes de Freaking Out the Neighborhood, la cancha se transformó en una avalancha de movimiento, contrastando con la delicadeza de otros pasajes del show.

Esa dualidad, entre lo íntimo y lo caótico, definió gran parte del concierto y en general lo que hoy representa DeMarco. Él, fiel a su estilo, se movió entre bromas absurdas, gestos desprolijos y momentos de genuina emoción, construyendo una experiencia que no necesitó grandes recursos para volverse memorable.
Uno de los momentos más reconocibles llegó con Ode to Viceroy, donde el ritual que conocemos se mantuvo y desde distintos sectores del teatro comenzaron a aparecer cigarrillos en alto, algunos encendidos, otros simplemente levantados como gesto simbólico.

Hacia el cierre, con canciones como My Kind of Woman y Chamber of Reflection, dimos cuenta de que ya no se siente el descontrol de otras épocas, pero hay una nostalgia que dialoga con la fanaticada inamovible del canadiense y que sin duda, espera el próximo movimiento del artista.
