Llenar por completo el Teatro Municipal de Santiago con una propuesta centrada en cuerdas acústicas y pasajes de silencio no es algo habitual. La noche del 23 de agosto, el público copó el recinto histórico, y entre las butacas asomaban figuras de la escena local como Milton Mahan y Nano Stern. El momento más efusivo antes del inicio se desató cuando la gente reconoció a Jorge González en la platea, provocando una ovación espontánea con aplausos de pie y gritos de agradecimiento al músico chileno.
Por: Joaquín Bravo

Fotos: Agustín León
La previa musical estuvo a cargo del cantautor chileno Ángel Maulén, invitado especial encargado de abrir el concierto en esta fecha del Ronroco Tour. Con una propuesta apoyada en la calidez de su voz y las cuerdas de raíz folclórica, Maulén cumplió la tarea de temperar el ambiente en una sala imponente, recibiendo una cálida respuesta de la audiencia y dejando el terreno listo para la presentación principal.
Con esa energía en la sala, Gustavo Santaolalla y sus acompañantes subieron al escenario con una invitación directa a vivir el concierto como un ejercicio íntimo y compartido, casi tomados de la mano a lo largo de toda la función.
Fiel al nombre de la gira (Ronroco Tour), el cordófono andino llevó el pulso de la velada. Santaolalla intercaló las canciones con relatos sobre cómo ese instrumento terminó marcando a fuego bandas sonoras como las de Amores perros o Secreto en la montaña. En una de sus pausas, comentó con entusiasmo que se había comprado un guitarrón chileno durante su estadía, destacando el cariño y la admiración que guarda por la música del país. Esa cercanía dio paso a momentos de exploración sonora donde presentó piezas de lo que bautizó como post-Chernobyl folk music, utilizando tubos de PVC y objetos reciclados para generar texturas raras en medio del entorno clásico del teatro.

El bloque más esperado por una parte importante de la audiencia llegó con las composiciones de The Last of Us. Existen muchas bandas sonoras notables en los videojuegos, pero el trabajo de Santaolalla cala directo en la memoria de quienes recorrieron ese viaje con Joel y Ellie. Escuchar esas notas en vivo, con una acústica que respetaba cada nota suspendida, justificó por completo la presencia de un público más joven que llegó al Municipal atraído por la consola. Hubo pasajes donde varias personas terminaron visiblemente emocionadas hasta las lágrimas, alternados con temas más dinámicos donde todo el teatro empezó a aplaudir al unísono siguiendo el compás.

Hacia el final, las melodías de Secreto en la montaña instalaron un ambiente calmo y envolvente que cerró la actuación principal. La despedida de Santaolalla y sus músicos vino acompañada de aplausos prolongados, mientras por los parlantes del recinto empezó a sonar “Lucha de gigantes”, la versión que grabó para Amores perros y que acompañó la salida pausada de la gente hacia la calle. Fue una jornada que dejó a la vista el alcance de un compositor capaz de cruzar el folclore sudamericano, el cine y los videojuegos, sacándole brillo a las cuerdas con una calidez que Santiago agradeció de principio a fin. Un genio musical que ha logrado trascender tanto en el cine como en los videojuegos.
