Johnny Marr — The Age of Everything: La música que tenemos delante.

Cuatro años después de Fever Dreams Pts 1-4, Johnny Marr regresa con The Age of Everything, su quinto álbum de estudio en solitario. Diez canciones escritas inicialmente en Londres, desarrolladas sobre el escenario durante una gira por Norteamérica y finalmente grabadas en Manchester componen un disco que Marr ha definido como el más catártico de su carrera.

Por: Andrés Melián

The Age of Everything merece escucharse de manera íntegra.

No necesariamente porque cada canción funcione como una pieza imprescindible de forma aislada, sino porque existe una continuidad que permite entender mucho mejor lo que Marr intenta construir. Desde los primeros segundos de “Spin”, el álbum establece su lenguaje, guitarras luminosas y una energía que parece estar permanentemente empujando hacia adelante.

A partir de ahí, Marr no intenta esconder aquello que lo convirtió en uno de los guitarristas más influyentes de las últimas décadas.
Siempre resulta especial volver a escuchar esa manera casi arquitectónica de entender la guitarra, más interesada en construir texturas, melodías y movimiento que en imponerse mediante grandes demostraciones técnicas.

“It’s Time” recupera ese característico diálogo entre guitarra y bajo que inmediatamente remite a algunos capítulos de su pasado. Precisamente aquí conviene aterrizar una de las comparaciones que inevitablemente seguirá acompañando cualquier lanzamiento suyo. Sí, hay momentos que recuerdan a The Smiths. Sería absurdo negarlo, parte de aquel sonido nació de las propias manos de Marr. Pero The Age of Everything es un disco de Johnny Marr, no un disco de The Smiths, y exigirle que reproduzca una dinámica creativa que terminó hace casi cuatro décadas termina diciendo más sobre las expectativas del oyente que sobre la música que tenemos delante.

De hecho, cuando el álbum se aleja de esa
asociación aparecen algunas de sus ideas más interesantes. “All In A Life” incorpora texturas que el propio Marr ha relacionado con Depeche Mode. No parecen citas forzadas, sino partes de un vocabulario que lleva décadas acumulándose.
Marr no está intentando borrar su historia, sino permitirse utilizarla completa.

Eso tampoco significa que The Age of Everything esté libre de criticas. Para muchos el disco podría haber contado con más matices y contrastes. Su coherencia sonora, que durante la primera mitad funciona como una de sus principales virtudes, también provoca que algunos momentos de la segunda parte comiencen a sentirse demasiado cercanos entre sí.
Sin embargo, reducir el disco a una sola escucha, sería perder de vista su verdadera intención.
Marr decidió probar ocho de estas diez canciones frente al público antes de registrarlas definitivamente, y aquello se siente en la interpretación, más que canciones construidas meticulosamente dentro de un estudio, muchas parecen piezas que ya conocen su lugar, su dinámica y su recorrido. Hay una sensación de banda que evita que el álbum termine transformándose en una simple exhibición de guitarra.
The Age of Everything tampoco necesita demostrar que Johnny Marr sabe tocar. Esa discusión terminó hace décadas. Lo más interesante a estas alturas es comprobar qué hace un músico con un lenguaje que ya es inmediatamente reconocible como suyo. Y aquí Marr opta por no destruirlo ni reinventarlo artificialmente, lo actualiza, lo rodea de nuevas influencias y sigue escribiendo desde él.

Puede que no sea el disco más aventurero o arriesgado de su carrera. Pero cuando encuentra el equilibrio entre melodía, ritmo y esas guitarras que parecen ocupar todos los espacios sin saturar ninguno, recuerda por qué todavía vale la pena detenerse a escuchar un nuevo trabajo suyo.
The Age of Everything mantiene el alma de Marr completamente viva, aceptando que una identidad musical también puede sobrevivir avanzando.
Y quizás ese sea precisamente el mayor mérito del álbum, después de tantos años, Johnny Marr continúa sonando inequívocamente a Johnny Marr.