El regreso del Festival En Órbita a Santiago muchos la sentimos como una cita largamente postergada que por fin encontraba su lugar. Instalado en el centro de eventos Basel, en la comuna de Independencia, el festival retomó su pulso apostando por una curatoría de nicho, cuidada y distante de los formatos masivos habituales. Para quienes llegamos temprano, la expectativa se palpaba en el acceso y en las conversaciones de pasillo: las dudas sobre si las bandas mantendrían los repertorios de sus fechas recientes en México, si sonarían temas antiguos o si habría opciones de conseguir alguna firma de disco corrían entre el público. Antes de la música, eso sí, tocó superar la prueba física del recinto: subir las interminables escaleras de Basel, un ejercicio que sirvió para sacudirse la ansiedad del día y entrar en calor.
Por: Joaquín Bravo

Fotos: Juan Pablo Morales
DÍA 1
Dinastía Moon

La apertura arrancó puntual a las 20:00 con Dinastía Moon sobre el escenario, respetando al pie de la letra el cronograma oficial. Con una sala que todavía recibía a la gente con calma debido al horario laboral, los oriundos de Cartagena se encargaron de disipar cualquier frialdad inicial. El grupo armó una presentación continua, hilando cada una de sus piezas sin silencios incómodos ni cortes entre canción y canción.
El sitar fue el centro neurálgico de toda su propuesta, guiando un viaje psicodélico cargado de arreglos tradicionales que atrapó de inmediato a quienes ocupaban las primeras filas. Lejos de ser un mero trámite de apertura, los músicos dejaron a la audiencia con la boca involuntariamente abierta (como la sensación de estar completamente concentrado en algo) gracias a una dinámica envolvente y precisa.

Dry Cleaning

A las 21:15, con una pista de Basel que ya mostraba una concurrencia mucho más holgada y animada, apareció el cuarteto londinense Dry Cleaning. En su regreso al país tras aquel debut en Club Subterráneo en 2023, la banda evidenció una solidez y una comodidad en escena que, según comentaban varios de los asistentes que repitieron la experiencia, superó con creces su visita anterior. Gran parte del peso del recital recayó sobre Secret Love, su trabajo publicado a comienzos de año, junto a temas escogidos de su repertorio previo.
El ambiente sobre las tablas tuvo momentos muy distendidos, marcados por algunas copas de vino chileno que los músicos compartían entre pausas, sobre todo su baterista. En términos escénicos, el equilibrio fue perfecto, ¿Por qué lo digo? Pues, mientras Florence Shaw mantenía su habitual compostura y esa entrega casi imperturbable, casi en trance, de spoken word, el guitarrista Tom Dowse y el bajista Lewis Maynard se adueñaron del espectáculo. Con pasos de baile particulares, muecas y un despliegue físico desbordante, ambos aportaron un dinamismo contagioso. En vivo, las líneas de bajo y los acordes de las guitarras ganaron un cuerpo y una pegada que superaron la pulcritud de sus grabaciones de estudio, logrando que tanto sus seguidores de siempre como los recién llegados quedaran con ganas de más, esperando que esta vez vengan mucho más seguido al “fin del El repertorio de Dry Cleaning estuvo compuesto por:
“Strong Feelings”
“Gary Ashby”
“Blood”
“Her Hippo”
“Magic of Meghan”
“Don't Press Me”
“My Soul/Half Pint”
“Cruise Ship Designer”
“Evil Evil Idiot”
“Sliced by a Fingernail”
“Scratchcard Lanyard”
“The Cute Things”
“Hit My Head All Day”

Blonde Redhead

El momento más esperado de la jornada llegó a las 22:45, cuando Basel lucía casi casi repleto. Blonde Redhead inició su salida a escena con los acordes de “El derecho de vivir en paz” de Víctor Jara sonando por los parlantes, una declaración de principios antibélica y en solidaridad con Palestina, acompañada por el llamado del trío a no olvidar la fuerza de la resistencia popular en Chile.
En ese instante ocurrió algo llamativo (y que no recomiendo) a mi alrededor, ya que, varias personas que llevaban tapones para los oídos decidieron quitárselos en cuanto la banda tomó sus instrumentos, prefiriendo recibir el impacto de la música de forma directa y sin filtros, aun sabiendo que el cuidado auditivo sugería lo contrario (incluyendome). El trío neoyorquino apostó por un repertorio centrado en Sit Down for Dinner, su álbum de 2023, dejando fuera himnos radiales como “23” o cualquier pista de Melody of Certain Damaged Lemons. Fue una decisión (pienso yo) para quienes siguen a la banda con atención en su etapa madura, algo que se agradeció por su honestidad.
El arranque con la clásica “Bipolar” dio paso a sorpresas mayores, como el rescate de “Distilled” (pieza de 1998 perteneciente a In an Expression of the Inexpressible), además de la reciente “Blood Spilled”. Esta última composición, inspirada en las reflexiones de Kazu Makino sobre la finitud, el duelo y el lazo físico que guardamos con quienes ya partieron, aportó un tono reflexivo profundo a la noche. Las intervenciones de Kazu al micrófono fueron escasas, limitándose a dar las gracias en instantes puntuales para no romper el clima íntimo que habían construido.
Hubo espacio para moverse y también para conmoverse en igual medida, haciendo honor a esa premisa de Alex Anwandter de bailar y llorar al mismo tiempo. El gran cierre vino de la mano de “Kiss Her Kiss Her”, donde la banda decidió extender la estructura original, dejando que los instrumentos bajaran de intensidad muy despacio, desvaneciéndose en una versión delicada que fue apagando el sonido de manera gradual hasta llegar al silencio total. Aunque el show dejó la sensación de haber sido breve frente a los años que pasaron para volver a tenerlos en Santiago, la calidad y el cuidado de cada arreglo justificaron con creces el reencuentro.
El repertorio de Blonde Redhead incluyó:
“Bipolar”
“Falling Man”
“Melody Experiment”
“Snowman”
“Dr. Strangeluv”
“Doll Is Mine”
“Sit Down for Dinner, Pt. 1”
“Sit Down for Dinner, Pt. 2”
“SW”
“Blood Spilled”
“Spring and by Summer Fall”
Encore: “Distilled” y “Kiss Her Kiss Her”

Con una acústica que respondió a las exigencias de tres agrupaciones muy distintas entre sí, En Órbita dejó la vara alta para su segunda jornada, donde el indie pop de Beach Fossils, la vuelta de Dënver y la electrónica de trasnoche completarán el regreso del festival a la cartelera.
DÍA 2
La segunda jornada de Festival En Órbita en el centro de eventos Basel planteó un viraje hacia las melodías del pop de guitarras y las pulsaciones bailables, contrastando con el carácter experimental y anguloso que había marcado la apertura de la noche anterior. Con una cartelera que convocaba a distintas generaciones bajo una misma sensibilidad alternativa, el cierre del evento ofrecía una transición natural hacia la pista de baile, extendiéndose hasta la madrugada con un after party a cargo de Andrea Paz, Diegors y Alejandro Paz.
Dënver
La apertura de esta última fecha corrió por cuenta de Dënver, el proyecto oriundo de San Felipe que para la ocasión se presentó en un robusto formato de banda completa. Junto a Milton Mahan y Mariana Montenegro, subieron al escenario Pablo Jara en guitarra acústica, Pau Céspedes en batería y el músico nacional PAU a cargo del bajo. El show de Dënver comenzó puntual a las 21:00, y quienes llegaron temprano a Independencia pudieron inaugurar la pista al ritmo de "A pedacitos", una bienvenida cálida para un público que fue llegando al recinto de manera pausada y constante.
El repertorio funcionó como un balance adecuado entre grandes éxitos y adelantos de su nuevo material, una combinación idónea para un público festivalero familiarizado con su historia. Uno de los pasajes más cuidados llegó con "Las fuerzas", interpretada en clave de balada donde todos los músicos tocaron sentados en un semicírculo íntimo, bajando las revoluciones antes de desatar el baile nuevamente con "Diane Keaton", momento en que una buena cantidad de asistentes corrió hacia la barrera para sumarse al coro. El conjunto también se dio el tiempo de estrenar una pieza en vivo que formará parte de su próximo álbum en producción, una canción descrita por ellos mismos como una composición pensada para el invierno, pese a que la estación fría acababa de despedirse de la capital. El cierre con "Lo que quieras" dejó la sala con el ritmo y la temperatura ideales para recibir al plato fuerte de la noche.
Beach Fossils

Casi una década debió pasar para que Beach Fossils volviera a pisar suelo chileno. Aunque la agrupación cuenta con producciones recientes bajo el brazo, su presentación recorrió con generosidad las distintas etapas de su trayectoria. El repertorio actual de Beach Fossils incluye sus grandes éxitos y temas recientes como "Don't Fade Away", "Shallow" y "Daydream", alternando en sus presentaciones por Latinoamérica sus piezas clásicas con composiciones de factura reciente.
Con un breve retraso y desde los compases iniciales, la respuesta de la audiencia sorprendió por una intensidad física notable, armando pequeños “mosh” improvisados a lo largo de la pista. Lejos de cualquier debate sobre qué música admite o no saltos colectivos, o más bien, lejos de ser el típico “policía del mosh”, la gente en Basel eligió disfrutar a su manera, compartiendo la emoción sin entorpecer la experiencia del resto.
Para un público que en su mayoría bordeaba entre los 24 y los 32 años, el recital activó en mí un inevitable sentimiento nostalgico. Escuchar las guitarras de "Generational Synthetic" trajo al presente aquellos días de colegio y los primeros semestres universitarios recorridos con los típicos audífonos de cable, donde solo se escuchaba de un lado, cuando el catálogo de bandas como Wild Nothing, Alvvays o los mismos neoyorquinos marcaba la rutina. El paso de casi diez años trajo consigo mudanzas, carreras concluidas, pérdidas y ciclos cerrados, sensaciones que se reflejaban en los rostros emocionados de quienes coreaban cada acorde a su manera, ya sea con una sonrisa de oreja a oreja, o llorando a mares.
Ese lazo encontró su cumbre durante "Sleep Apnea", cuando los integrantes solicitaron apagar las luces del escenario y pidieron a los asistentes iluminar el recinto con los flashes de sus teléfonos, cubriendo el espacio con una marea blanca de puntos brillantes. Tras la canción, Dustin Payseur dedicó unas palabras al público para rememorar cómo varias de esas canciones nacieron en grabaciones caseras dentro de su habitación durante periodos complejos de su juventud, expresando su gratitud por poder interpretarlas una década después junto a sus amigos cercanos frente a una audiencia tan entregada. En la base rítmica, el baterista Anton Hochheim completó la fecha sobreponiéndose a un estado febril visible, brindando una ejecución sólida que desde Sunderbeats esperamos dé paso a una pronta y tranquila recuperación.
Para dar paso al encore, los músicos bromearon con la clásica dinámica de retirarse de escena para esperar el grito de una canción más, propuesta que la sala respondió de inmediato con el tradicional coro de "olé, olé, olé". El cuarteto regresó para rematar la jornada con "Down the Line", "Crashed Out" y "Daydream", tres piezas con las que muchos conocieron al grupo y que coronaron una presentación redonda.
En los panfletos repartidos en el acceso, una cita de Dan Reyes sintetizaba el espíritu de la convocatoria: una búsqueda por reunir proyectos difíciles de encasillar, que se mueven por los márgenes y que no siempre encuentran un espacio común en los festivales convencionales. Esta edición de En Órbita dejó en mí esa gratificación, donde la fidelidad de las bandas y la respuesta de los asistentes transformaron dos noches en un recuerdo que, al menos yo, no olvidaré fácilmente y además, posiciono dentro de los shows más memorables para la cartelera de conciertos en Santiago de 2026.
Setlist Beach Fossils:
El repertorio de Beach Fossils estuvo compuesto por:
"Don’t Fade Away"
"Sugar"
"Moments / What a Pleasure"
"Modern Holiday"
"Shallow"
"This Year"
"Out in the Way"
"Be Nothing"
"Generational Synthetic"
"Adversity"
"Sleep Apnea"
"Seconds"
"Social Jetlag"
"Tough Love"
"Numb"
"May 1st"
Encore:
"Down the Line"
"Crashed Out"
"Daydream"
