El regreso de Jamiroquai a Chile tuvo todos los elementos que se podían esperar de una noche con Jay Kay al frente: funk, baile, cambios de vestuario, canciones que siguen sonando vigentes y una banda capaz de convertir cada tema en un recorrido mucho más extenso que su versión de estudio. Durante cerca de dos horas, el Claro Arena se transformó en una pista de baile donde los clásicos de los noventa y comienzos de los 2000 volvieron a encontrarse con un público que conocía cada coro.
Por: Gabriela Torres

Fotos: Agustín León
La jornada, eso sí, comenzó con cierta confusión. Cerca de las 20:45 se proyectó un video de “Virtual Insanity”, aunque utilizado como parte de un anuncio publicitario de Betfair. Más allá de la marca, la decisión de poner una canción tan reconocible del propio artista antes de que comenzara el concierto terminó restándole algo de emoción al momento de espera y generó dudas sobre si el show estaba por comenzar. En un concierto de estas características, donde la expectativa también es parte de la experiencia, quizás habría sido más efectivo reservar ese impacto para la aparición de la banda.
Finalmente, cerca de las 21:15, las luces bajaron y el público se puso de pie para recibir a Jamiroquai. Jay Kay apareció con una chaqueta blanca con flecos, un sombrero plateado brillante y esa presencia escénica que sigue siendo parte fundamental de la identidad del grupo. El inicio con “(Don’t) Give Hate a Chance” fue directo y potente, con una interpretación que rápidamente instaló el pulso de la noche. La ovación al terminar dejó claro que la espera había quedado atrás.

El segundo turno fue para “Little L”, que el público recibió bailando y cantando desde los primeros compases. La banda jugó con la estructura del tema, intercalando una sección instrumental antes de regresar a la canción, una fórmula que se repetiría durante el concierto. Jamiroquai no llegó a Chile para reproducir sus canciones de manera idéntica a las grabaciones: muchas de ellas fueron extendidas, modificadas y llevadas hacia espacios donde el bajo, la batería, los teclados y la guitarra podían tomar protagonismo.
Con “Seven Days in Sunny June”, el concierto bajó ligeramente las revoluciones, aunque sin perder movimiento. La canción permitió conectar con una faceta más cálida del repertorio y con esa sensación de recordar épocas pasadas a través de melodías que permanecen intactas. El sonido se mantuvo claro y equilibrado, algo especialmente importante en una propuesta donde conviven el funk, el soul, el jazz y la electrónica.
Luego llegó uno de los primeros grandes momentos de la noche: “Space Cowboy”. Jay Kay volvió al escenario con otro vestuario, esta vez más deportivo, y desplegó sus pasos de baile característicos mientras la banda se tomaba el tiempo para desarrollar una versión más larga del tema. La canción se convirtió en uno de los pasajes más funk de la jornada, con una base rítmica que sostuvo el baile del público y una interpretación que se alejó bastante de la duración original.
La misma lógica apareció en “Alright”, cantada prácticamente al unísono por el recinto. Durante la canción, alguien desde las primeras filas le entregó a Jay Kay una camiseta chilena que llevaba el nombre de Jamiroquai en la espalda. El cantante la recibió, la mostró al público y continuó el espectáculo con ella como parte de una noche donde las referencias a Chile aparecieron en más de una ocasión.
Más adelante, “Light Years” tuvo un momento especial cuando Jay Kay recordó sus primeros años y habló de la edad que tenía cuando compuso parte de aquellas canciones. La reacción del público fue inmediata: no solo por el tema, sino por la sensación de estar compartiendo con el artista una parte de la historia que construyó junto a sus seguidores. La canción funcionó como una pausa dentro del baile constante, pero también como recordatorio de cuánto tiempo ha pasado desde la explosión internacional de Jamiroquai.

Después de una breve presentación de los músicos, el grupo retomó el show con “Travelling Without Moving”, una canción especialmente significativa en un año en que el álbum homónimo cumple tres décadas. Jay Kay apareció con uno de sus sombreros más reconocibles y, para sorpresa del público, mostró que su chaqueta Adidas llevaba la inscripción “Chile 62”, en referencia al Mundial de Fútbol realizado en nuestro país. El gesto fue recibido con una nueva ovación y reforzó una conexión con Chile que no se limitó a los saludos de rigor.
El tramo siguiente estuvo marcado por “Canned Heat”, probablemente uno de los momentos más bailables de la noche. El público acompañó la canción con movimientos coordinados y coros, mientras la banda sostuvo una interpretación precisa y llena de groove. En algunos pasajes se extrañó un poco más la presencia de los violines que caracterizan ciertas versiones del repertorio, pero el conjunto mantuvo un sonido sólido, con una base rítmica que nunca perdió fuerza.

Uno de los gestos más cercanos de Jay Kay ocurrió cuando bajó hacia el público para saludar y recibir objetos que sus seguidores le entregaban: vinilos, discos, poleras e incluso zapatillas. El momento se extendió lo suficiente como para demostrar que no se trataba solamente de una interacción rápida, sino de una instancia que el cantante quiso compartir con quienes estaban en las primeras filas.
“Cosmic Girl” volvió a elevar el ánimo general y fue cantada de principio a fin por el público. La canción, con su mezcla de funk y electrónica, sigue funcionando como uno de los grandes puntos de encuentro del repertorio de Jamiroquai, y en vivo ganó una dimensión colectiva que hizo que el Claro Arena pareciera mucho más pequeño de lo que realmente es.
Continuando con los clásicos, “Love Foolosophy” comenzó de una manera más lenta y cercana, casi romántica, antes de transformarse progresivamente en otra de las grandes pistas de baile de la noche. La versión extendida permitió que la banda desarrollara el tema con libertad, dejando espacio para las secciones instrumentales y para que Jay Kay volviera a moverse por el escenario. El cierre fue acompañado por una ovación especialmente larga, entendible tratándose de una de las canciones más queridas de la agrupación.
El cierre del tramo principal llegó con “Virtual Insanity”, uno de los clásicos más reconocibles de Jamiroquai y una canción que, pese a haber sido publicada hace casi 30 años, mantiene intacta su capacidad para generar una reacción masiva. El público cantó, bailó y recibió el tema como uno de los momentos centrales del concierto. La canción también permitió recordar que detrás de su estética colorida y su ritmo bailable, Jamiroquai siempre ha tenido una mirada crítica sobre la sociedad, el consumo y las contradicciones del mundo contemporáneo.

Tras una breve salida del escenario, Jay Kay regresó para el encore con una nueva modificación de vestuario: esta vez, una chaqueta de fútbol chilena. El último tema fue “Deeper Underground”, que llevó nuevamente el concierto hacia un terreno más explosivo. Los saltos del público, la intensidad de la banda y el carácter más directo de la canción terminaron de cerrar una presentación que se sostuvo en el movimiento hasta sus últimos minutos.
Jamiroquai ofreció un repertorio de 13 canciones, pero la cantidad pasó a segundo plano frente a la manera en que fueron interpretadas. Cada tema tuvo espacio para crecer, extenderse y transformarse en una experiencia más cercana a una jam en vivo que a una reproducción de sus discos. Esa decisión permitió que el concierto no se sintiera apurado y que los músicos demostraran por qué el funk de la banda sigue teniendo tanta fuerza sobre un escenario.
A ocho años de su última visita a Chile, Jay Kay y compañía volvieron a encontrarse con un público que todavía reconoce sus canciones desde los primeros segundos. El Claro Arena fue, durante casi dos horas, una pista de baile atravesada por la nostalgia, pero también por la energía de una banda que no parece interesada en tocar sus clásicos de manera automática.
Entre sombreros, chaquetas, cambios de vestuario, homenajes futbolísticos y versiones extendidas, Jamiroquai confirmó que su música sigue funcionando tanto desde el recuerdo como desde el presente. Y aunque la espera inicial pudo manejarse mejor, cuando las luces finalmente se apagaron, el resto de la noche encontró su propio ritmo.