The Strokes – Reality Awaits: La realidad dividida que los espera

Pocas bandas cargan con un pasado tan difícil de esquivar como The Strokes. Desde que Is This It apareció en 2001, cada uno de sus movimientos ha sido observado bajo la sombra de aquella primera impresión, guitarras angulares y una despreocupación neoyorquina que terminó transformándose en modelo para buena parte del rock independiente del nuevo milenio.

Veinticinco años después, el grupo parece menos interesado en recuperar exactamente ese sonido que en comprobar cuánto puede deformarlo sin dejar de reconocerse.

Por: Andrés Melián

Reality Awaits, su séptimo álbum de estudio y el primero desde The New Abnormal de 2020, llega con nueve canciones producidas por Rick Rubin. El disco fue publicado este 24 de julio y presenta a una banda que todavía conserva su capacidad para construir riffs memorables, pero que ahora los rodean estructuras más extensas y un tratamiento vocal que probablemente se convertirá en su elemento más divisivo.

Desde sus primeros minutos, el álbum establece una estética muy marcada. Hay algo nocturno, sintético y ligeramente envolvente en su sonido, una especie de encuentro entre la precisión instrumental de The Strokes y el carácter más extraño que Julian Casablancas ha desarrollado junto a The Voidz. No se trata de un regreso diseñado para complacer a quienes siguen esperando una segunda parte de Room on Fire. Por el contrario, el grupo parece decidido a tensionar su propia identidad, incluso cuando esa búsqueda no siempre produce resultados completamente satisfactorios.

“Psycho Shit” abre el disco evitando cualquier entrada cómoda. Es una canción inquietante y construida desde una tensión que crece lentamente. The Strokes optan por levantar una atmósfera casi cinematográfica, adelantando el carácter irregular y experimental que atravesará el proyecto.

“Dine N’Dash” demuestra por qué sigue siendo tan entretenido escuchar a esta banda cuando sus integrantes encuentran un espacio común. Las guitarras se cruzan con precisión, construyendo líneas melódicas que avanzan, retroceden y se responden sin competir entre ellas. El riff conserva esa cualidad juguetona y aparentemente sencilla que ha definido algunos de los mejores momentos del grupo. La producción es pulcra, cada instrumento ocupa un lugar reconocible.

Reality Awaits funciona mejor cuando se permite respirar. El mayor punto de discusión está en la voz. Casablancas utiliza distintas formas de procesamiento vocal no solo como recurso correctivo, sino como parte central de la estética. En determinados momentos, el recurso aporta una cualidad artificial coherente con el universo del disco. Su voz deja de ser únicamente la encargada de narrar y se transforma en una textura más dentro del arreglo.
El problema aparece cuando el efecto termina imponiéndose sobre la emoción. La intención artística se entiende, pero no siempre se traduce en una experiencia capaz de reforzar la interpretación.
El recurso no arruina el disco, aunque sí puede jugar en contra de canciones que habrían ganado fuerza con una entrega menos intervenida.

Reality Awaits no es un mal álbum.

Su producción es detallada, sus músicos continúan operando a un nivel extraordinario y contiene suficientes riffs, grooves y momentos melódicos para demostrar que The Strokes todavía tienen algo que decir. Sin embargo, tampoco es un trabajo que necesariamente conecte desde la primera escucha. Su estética está tan definida que, cuando uno no logra entrar completamente en ella, el disco puede sentirse distante.

Pero en gustos no hay nada escrito. Lo que para algunos será exceso vocal, para otros representará una evolución necesaria. Lo que puede escucharse como dispersión también puede interpretarse como libertad.
La objetividad no consiste en fingir que todas las decisiones funcionan, sino en reconocer que detrás de ellas existe una búsqueda real y una banda que se niega a repetir cómodamente el pasado.