Con Longitudinales, su segundo trabajo de larga duración, Mecánico emprende una de las apuestas más ambiciosas del pop rock alternativo local reciente. A lo largo de doce canciones, el dúo chileno articula una propuesta que busca trazar puntos de encuentro entre el territorio geográfico y las tensiones de la vida cotidiana. Para llevarlo a cabo, la banda optó por un esquema poco habitual en un disco de estudio: convocar a un artista invitado diferente para cada una de las piezas del repertorio, ¿Funcionará esto a lo largo del disco? Vamos a descubrirlo.
Por: Joaquín Bravo

El rasgo distintivo de esta entrega radica en la flexibilidad que muestra Mecánico en la producción. La banda amolda su instrumentación a la identidad de quienes participan, permitiendo que la impronta de cada colaborador marque el rumbo de la canción. El ejemplo más evidente aparece en el corte grabado junto a Francis Durán por dar un ejemplo, (aunque se note en cada una de las canciones), donde las progresiones de acordes y el tratamiento melódico remiten directamente a la escuela compositiva de Los Bunkers, sostenidos por una base rítmica pulcra y moderna. Esta misma permeabilidad se replica en las colaboraciones con nombres como Dënver, We Are The Grand, Pau, Zebra 93 o Spiral Vortex, donde el dúo actúa como articulador de estilos ajenos mientras mantiene un acabado sonoro reconocible en sintetizadores y guitarras.
En el plano discursivo, el álbum utiliza la estrechez geográfica como pretexto para examinar las fricciones de la rutina contemporánea. Bajo la etiqueta de "Los Longitudinales", el dúo agrupa inquietudes colectivas marcadas por el desgaste tecnológico y la inestabilidad de las relaciones cotidianas. Esa sobrecarga psicológica marca el pulso en cortes como "Ruido Blanco" y "Mente Animal", donde la banda apunta al agotamiento mental frente al flujo continuo de información y estímulos externos, mientras que "Amor Líquido" traslada esa misma sensación de fugacidad al terreno afectivo. Frente a este panorama acelerado, "Sin destino en particular" introduce una pausa deliberada dentro del repertorio, apostando por la cadencia de quien viaja sin la urgencia de cumplir con metas preestablecidas.
Al abrir el espacio a sensibilidades tan distintas, el álbum asume una consecuencia natural en su estructura general: la dispersión estética. La distancia sonora entre varios de los temas debilita la sensación de continuidad cuando se escucha de principio a fin en el orden fijado. Por esta razón, Longitudinales rinde mucho mejor como una colección de sencillos independientes o en reproducción aleatoria. Con un minutaje ágil, ganchos melódicos efectivos y un trabajo de mezcla detallado, el disco funciona de manera óptima como banda sonora para el traslado diario en el transporte público, amenizando los viajes matutinos con cambios de registro constantes.
El valor principal de este segundo disco está en su capacidad de gestión colectiva dentro del circuito chileno, demostrando que la producción pop puede enriquecerse cuando abre sus puertas al diálogo entre pares. Una vez comprobada su destreza técnica para potenciar el talento ajeno, la gran interrogante que deja este trabajo es hacia dónde apuntará Mecánico cuando decida replegarse nuevamente sobre su propio repertorio en solitario, con todo el oficio acumulado tras este cruce multitudinario. Como equipo en SunderBeats esperamos con ansias este despliegue en vivo del disco. Totalmente recomendado para un viaje corto en bus.