Del siglo pasado al Movistar Arena: Alex Anwandter celebró sus 20 años de carrera

Hay conciertos que funcionan como una celebración y otros que parecen abrir una puerta a un lugar al que creíamos que ya no podíamos volver. El show de Alex Anwandter en el Movistar Arena tuvo un poco de ambas cosas. Más de dos horas y media de música para recorrer 20 años de carrera, pero también para encontrarse con canciones que, para muchos de los que estaban esa noche, vienen cargadas de adolescencia, primeras fiestas, amores, desamores, dignidad y recuerdos que parecían guardados en otra época.

Por: Gabriela Torres

Fotos: Victor Galvez

La espera comenzó cerca de las 21:00, cuando las pantallas anunciaron un temporizador de diez minutos. El conteo llegó a cero, pero todavía hubo que esperar un poco más. Finalmente, las luces bajaron y Alex apareció para abrir la noche con “Bailar y Llorar”, una elección que desde el primer minuto dejó claro que aquello no sería un concierto cualquiera. La llegada fue enérgica y el público respondió inmediatamente, como si llevara horas esperando precisamente ese momento.

Después llegó “Amiga”, y el Arena cambió de temperatura. Miles de personas cantando al unísono una canción que ya tiene otra vida fuera del escenario. Hay algo particular en volver a escuchar estos temas tantos años después: las canciones siguen siendo las mismas, pero quienes las escuchan ya no. Quizás por eso la emoción fue tan evidente. Lo mismo ocurrió con “Traición”, que mantuvo esa conexión entre el presente y una época que, aunque ya pasó, sigue teniendo un espacio dentro de quienes crecieron escuchando a Anwandter.

Pero uno de los primeros grandes momentos de la noche llegó con Gepe. Ambos compartieron “Mundo Real”, recuperando una canción de otra época justamente en una celebración que invitaba a mirar hacia atrás. Verlos juntos nuevamente tuvo algo especialmente emotivo: no se trataba únicamente de sumar un invitado al espectáculo, sino de traer al escenario una parte de esos años que Alex estaba conmemorando. Fue uno de los momentos más celebrados de la noche y uno de esos encuentros que adquieren un significado especial precisamente porque no ocurren todos los días.

La nostalgia siguió creciendo con la aparición de Martín del Real, guitarrista y miembro de Teleradio Donoso. Y ahí ocurrió algo difícil de explicar para quienes no estuvieron: por unos minutos, Teleradio Donoso volvió a sentirse presente. El público reconoció inmediatamente esa parte de la historia de Alex y respondió con una emoción que atravesó todo el Arena. Volver a encontrarlos sobre el mismo escenario fue uno de esos regalos que probablemente muchos no sabían cuánto necesitaban hasta que ocurrió.

La noche, sin embargo, no se quedó instalada en el recuerdo. Alex Anwandter también aprovechó el escenario para hablar desde el presente, haciendo referencias al momento político que atraviesa Chile. Y tiene sentido que así fuera: buena parte de su obra siempre ha tenido una relación directa con la identidad, la libertad, los afectos y las tensiones de su tiempo. En medio de una celebración de dos décadas, mirar hacia atrás también implicaba preguntarse por el país que existe hoy.

Con esa introducción le dimos paso a un momento clave de la noche, la interpretación de “Cordillera” con Roberto Márquez, de Illapu. La canción amplió todavía más el espectro de la noche y sumó una voz que pertenece a otra generación fundamental de la música chilena. El recorrido de Anwandter podía pasar del pop y la electrónica hacia la canción de raíz sin perder coherencia: todo parecía formar parte de un mismo mapa musical.

Uno de los momentos más delicados llegó con “Manifiesto”. Con Alex al piano, las luces del teléfono comenzaron a aparecer entre el público y el Movistar Arena adquirió otra atmósfera. No es una canción que necesariamente aparezca en todos sus shows, por lo que escucharla precisamente en una noche que conmemoraba 20 años tuvo un peso especial. Sin grandes artificios, fue uno de esos momentos en que el público simplemente se quedó ahí, escuchando y acompañando.

Algo parecido ocurrió con Ángel Parra, quien apareció con su guitarra para interpretar una versión electroacústica de “Shanana”. Más lenta y despojada que su versión original, la canción encontró otra manera de ser recordada. Después de tantos años, reinterpretarla así parecía una forma adecuada de volver sobre ella sin intentar reproducir exactamente el pasado.
El concierto continuó avanzando entre distintas etapas de su carrera. “Granada” aportó una cuota especialmente emotiva, mientras que “Intentarlo Todo de Nuevo” y “Tormenta” volvieron a levantar las emociones del público. En esta última, nuevamente aparecieron las luces de los celulares, creando una postal que contrastaba con la intensidad que comenzaría a tomar el espectáculo.

Porque si algo consiguió Anwandter fue que la nostalgia nunca terminara convirtiéndose en una barrera. “Que se Acabe el Mundo” y “Quiero Estar Contigo” mantuvieron el pulso arriba, hasta que apareció Juliana Gattas. La cantante argentina, amiga de Alex y colaboradora cercana —él ha trabajado como productor en sus últimos álbumes— llegó para interpretar primero una canción propia y luego sumarse a “Siempre Es Viernes en Mi Corazón” que mantuvo al Movistar Arena como una pista de baile, haciéndonos sentir como en la Blondie.

“Mi Vida en Llamas” fue el punto de partida de una seguidilla en que las canciones comenzaron a encadenarse casi sin dar tiempo para tomar aire. “¿Qué Piensas Hacer Sin Mi Amor?”, “Precipicio”, “Unx de Nosotros”, “Ahora Somos Dos”, “Gaucho” y “París, Tal Vez” fueron construyendo una segunda mitad completamente distinta a la primera. Ya no se trataba solamente de recordar: había que bailar.

Y eso fue quizás lo más bonito de la noche. Las personas que habían llegado para reencontrarse con canciones de hace 10, 15 o 20 años seguían ahí, pero ahora estaban viviendo esas mismas canciones desde otro lugar. El paso del tiempo no las había debilitado. Al contrario, algunas parecían haber ganado nuevas lecturas.
Antes de continuar, Alex se detuvo para agradecer a quienes lo han acompañado durante estos 20 años. Fue un momento sencillo, pero necesario. Porque detrás de la celebración de una carrera también estaba la gente que hizo posible que esas canciones llegaran hasta ahí. El agradecimiento terminó desembocando en “Tatuaje”, uno de los momentos más intensos de esta última parte del show.

Parecía que podía ser el cierre, pero todavía quedaba más.
El encore comenzó con “Malinche” y continuó con “Cómo Puedes Vivir Contigo”, manteniendo la pista de baile encendida cuando ya habían pasado más de dos horas de concierto. La energía del público seguía prácticamente intacta. Finalmente, “Amar en el Campo” dio paso a “Toda la Noche”, cerrando una presentación extensa, ambiciosa y profundamente emocional.
Más de dos horas y media pueden ser demasiado para cualquier espectáculo si no existe una historia que sostenga el recorrido. Anwandter logró justamente lo contrario: 20 años cabían en un solo concierto sin sentirse como un simple repaso de canciones. Hubo nostalgia, política, amistad, reencuentros, recuerdos y una cantidad importante de música.

Quizás por eso la frase “del siglo pasado” adquiere otro sentido al mirar esta noche. Muchas de esas canciones pertenecen a una época que ya quedó atrás, pero siguen encontrando cuerpos que las bailan y voces que las cantan como si fueran nuevas. Alex Anwandter no solo celebró 20 años de carrera: demostró que algunas canciones pueden envejecer con nosotros sin dejar de acompañarnos.