wave to earth y Bad Pieces: el lugar al que siempre podemos volver

Con bad pieces, wave to earth vuelve a construir ese espacio cálido al que siempre podemos regresar. Un álbum que habla de imperfecciones, crecimiento y búsqueda de paz, mientras los tres integrantes se involucran más que nunca en su creación. Entre nuevas texturas y la esencia que los caracteriza, la banda demuestra que reinventarse también puede significar encontrar nuevas formas de sentirse en casa.

Por: Carol Celis

Las piezas que no encajan

Hay algo particularmente bonito en que wave to earth haya elegido llamar bad pieces a su nuevo álbum. A primera vista, el nombre parece hablar de aquello que está roto, de las partes que no funcionan o que sentimos que deberíamos esconder. Pero la idea detrás del disco es bastante más amable: esas piezas imperfectas también pueden encontrar un lugar cuando se juntan. El concepto nace además de un juego entre pieces y peace, entre las piezas que forman algo y la paz que puede existir dentro de ese espacio. Y quizás esa sea una buena manera de entrar a bad pieces. No como un álbum que intenta resolver la confusión, el crecimiento o las partes difíciles de la vida, sino como uno que parece decir que quizás no todo tiene que estar resuelto para que podamos sentirnos bien. Canciones como “courage” parecen habitar justamente ese lugar, entre la incertidumbre y la necesidad de seguir avanzando, mientras “everything comes and goes” se acerca a la idea de aceptar que las cosas cambian y que no todo está destinado a permanecer. Hay algo cálido en la manera en que wave to earth aborda estas ideas: incluso cuando aparece la melancolía, nunca termina de sentirse pesada. Es como si la banda construyera un pequeño espacio donde podemos dejar por un rato todo aquello que todavía no sabemos ordenar.

Por primera vez, los tres...

Una de las cosas que más me interesan de bad pieces es que esta vez la idea de “piezas” también puede aplicarse a la propia banda. El álbum tuvo una participación mucho más activa de los tres integrantes, con canciones y demos provenientes de Daniel Kim, John Cha y Dong Q. Cada uno aporta su propia sensibilidad, pero el resultado termina formando un universo que se siente cohesionado. “you.”, por ejemplo, comenzó a partir de una idea de Dong Q y terminó convirtiéndose en una canción construida entre los tres, algo que representa bastante bien la dinámica que atraviesa el álbum. Ya no se trata solamente de identificar qué pertenece a cada integrante, sino de observar qué ocurre cuando esas distintas piezas se encuentran. Incluso canciones como “skylark”, con su carácter más atmosférico y relajado, ayudan a mostrar cómo esas diferentes sensibilidades pueden convivir sin que ninguna tenga que imponerse sobre las demás. Hay algo bonito en pensar que wave to earth también está hablando de sí misma a través del concepto del disco: tres piezas distintas que no necesitan ser iguales para formar algo completo.

*Un lugar al que siempre podemos volver *

Musicalmente, bad pieces también representa una expansión para wave to earth. La banda incorpora nuevas texturas e instrumentos y experimenta con sonidos que amplían su propuesta, pero sin abandonar esa calidez que se ha convertido en una parte esencial de su identidad. Lo interesante es que, incluso cuando experimentan, wave to earth sigue sonando a wave to earth. No necesitan grandes explosiones para llamar nuestra atención.

Sus guitarras, bajos, baterías y voces construyen canciones que parecen respirar, dejando espacios para que el oyente también pueda habitar la música. Y quizás ahí está una de las razones por las que su música genera un vínculo tan particular: se siente como llegar a casa después de un día largo, sacarse los zapatos y finalmente poder bajar el ritmo. “closing.”, encargada de cerrar el álbum, refuerza justamente esa sensación de despedida tranquila, como si después de recorrer todas estas piezas simplemente llegáramos al final y pudiéramos quedarnos un momento en silencio. bad pieces puede experimentar, cambiar y crecer, pero conserva esa sensación de refugio. Quizás por eso el álbum no se siente como una despedida de la wave to earth que conocíamos, sino como volver a encontrarlos en una habitación un poco diferente, con otra luz entrando por la ventana, pero con la misma sensación de que podemos quedarnos un rato más. Porque hay lugares a los que no volvemos porque sean perfectos, sino porque, de alguna manera, todavía se sienten como casa.

Al final, bad pieces no parece querer entregarnos respuestas, sino un lugar donde podamos respirar un poco. Wave to earth vuelve a demostrar que su música puede crecer y transformarse sin perder esa calidez que la hace reconocible. Quizás por eso seguimos regresando: porque incluso entre nuestras propias piezas imperfectas, siempre puede existir un lugar que se sienta como casa.