Han pasado más de diez años desde la formación de Shame en el sur de Londres, pero el quinteto británico sigue consolidándose como una de las propuestas más interesantes del post-punk contemporáneo. Integrada por Charlie Steen, Sean Coyle-Smith, Eddie Green, Josh Finerty y Charlie Forbes, la banda ha construido una identidad marcada por la intensidad de sus presentaciones en vivo y una evolución constante en su sonido. Actualmente se encuentran girando con "Cutthroat", su más reciente trabajo de estudio, un álbum que mantiene la energía característica del grupo mientras explora nuevos matices dentro de su propuesta.
Por: Gabriela Torres

Fotos: Luciano Bascuñán
Su regreso a Santiago tuvo lugar anoche en Club Chocolate ante un público diverso que reunió tanto a seguidores más jóvenes como a asistentes que han acompañado a la banda desde sus primeros lanzamientos. Esa variedad generacional fue una de las primeras cosas que llamó la atención al ingresar al recinto, donde la expectativa crecía a medida que avanzaba la noche.
La jornada comenzó con algunos retrasos producto de la extensión del show previo, los teloneros de Hesse Kassel por lo que Shame terminó subiendo al escenario cerca de las 21:30 horas. Sin embargo, la espera fue más llevadera para quienes alcanzaron a encontrarse con Charlie Steen antes del show. El vocalista apareció entre el público conversando con asistentes, accediendo a fotografías y desplazándose por el recinto con total naturalidad, prácticamente camuflado entre los presentes.

La banda dio inicio al concierto con "Axis of Evil", estableciendo de inmediato el tono de la noche. Desde los primeros minutos se hizo evidente la conexión entre grupo y audiencia, una relación que terminó de consolidarse con "Concrete". Los primeros mosh pits comenzaron a formarse rápidamente en el centro de la pista, mientras los asistentes acompañaban cada canción con una energía que se mantendría durante gran parte del espectáculo.

Con el correr de los minutos, Club Chocolate comenzó a sentir los efectos de una audiencia completamente involucrada en el concierto. El calor, el movimiento constante y los saltos transformaron el recinto en un espacio donde era difícil permanecer quieto, especialmente en las primeras filas y en el centro de la pista.
"Tasteless" y "Cowards Around" mantuvieron el ritmo del show, esta última acompañada por un comentario de Charlie Steen sobre la existencia de personas cobardes en todos los países, un mensaje que fue recibido con aprobación por parte del público y que conectó naturalmente con el espíritu crítico de la canción.

La presentación continuó con "Nothing Better", "Fingers of Steel" y "Six-Pack", una seguidilla que permitió sostener la intensidad del concierto sin perder dinamismo. A esas alturas Charlie Steen ya se mostraba completamente cómodo sobre el escenario, interactuando constantemente con el público chileno y recorriendo cada rincón de la tarima. Incluso decidió desprenderse de la polera, algo que terminó siendo recibido con entusiasmo por los asistentes más cercanos al escenario.
Uno de los momentos más participativos de la noche llegó con "Alphabet". La canción fue coreada prácticamente de principio a fin por gran parte del recinto y dejó una de las imágenes más recordadas del concierto cuando una fanática logró subir al escenario para compartir algunos segundos junto a la banda antes de regresar al público.

Sin grandes pausas entre canciones, el recorrido continuó con "Quiet Life", "Lampião" y "Born in Luton", manteniendo la fluidez de un setlist que alternó material reciente con canciones de distintas etapas de la carrera del grupo. El concierto avanzó con naturalidad, manteniendo siempre la atención del público sin necesidad de recurrir a largos discursos o interrupciones.

Un cambio de dinámica llegó con "Adderall". Aunque se trata de una de las composiciones más contenidas del repertorio interpretado durante la noche, la respuesta del público fue inmediata. Los asistentes acompañaron la canción con un coro constante que permitió apreciar una faceta más emocional dentro de un concierto dominado principalmente por la energía física.
La recta final encontró a la audiencia completamente entregada. "Water in the Well", "Spartak" y "Snow Day" dieron paso a nuevos mosh pits, incluyendo esos característicos círculos que se forman antes de que el público vuelva a lanzarse al centro de la pista. Fue uno de los momentos donde mejor se reflejó el entusiasmo que acompañó a la banda durante toda la presentación.

Hacia el cierre apareció "One Rizla", una de las canciones más queridas por los seguidores de Shame y también una de las más representativas de sus primeros años. Antes de despedirse, la banda aprovechó de agradecer la recepción del público chileno, destacándolo como uno de los mejores que habían encontrado durante su paso por Sudamérica.

Finalmente, "Cutthroat" fue la encargada de cerrar la noche, reafirmando el protagonismo que tiene esta nueva etapa dentro del presente de la banda. Tras cerca de una hora y media de concierto, Shame dejó en claro por qué continúa siendo una de las propuestas más atractivas de la escena británica actual: una banda capaz de combinar intensidad, actitud y cercanía con un público que respondió de principio a fin.