Hay conciertos que funcionan como una celebración y otros que, además, permiten volver a mirar una parte importante de la propia historia musical. Lo que ocurrió este sábado en el Estadio Bicentenario de La Florida con Gondwana y Quique Neira tuvo un poco de ambas cosas. Después de 23 años, la voz que marcó los primeros años de la banda volvió a compartir escenario con ella, frente a un público que llegó dispuesto a cantar canciones que ya forman parte del imaginario del reggae chileno.
Por: Gabriela Torres

Fotos: Luciano Bascuñán
Desde el comienzo, la energía estuvo puesta en encontrarse. Con “Jah Children” y luego “Reggae Is Coming”, Gondwana dio inicio a un concierto que se extendería por casi tres horas, recorriendo principalmente el repertorio de sus primeros años y de la etapa que compartieron con Quique Neira. Desde las primeras canciones quedó claro que no se trataba solamente de revisar un catálogo: había un público que conocía las letras, que esperaba determinados momentos y que rápidamente comenzó a acompañar cada canción con su propia voz.
Uno de los primeros puntos altos llegó con “Verde, Amarillo y Rojo”, donde el estadio se convirtió en un gran coro. La canción despertó una respuesta especialmente fuerte entre quienes seguían a la banda desde sus primeros años, pero también entre generaciones más jóvenes que han hecho propias estas canciones. Banderas, imágenes y confeti acompañaron la interpretación, aunque fue la gente la que terminó ocupando el centro de la escena, cantando prácticamente de principio a fin.

El repertorio avanzó por canciones como “Una Más”, “Depende”, “Aires de Jah” y “Dulce Esperanza”, alternando momentos de mayor energía con otros donde la banda permitió que las canciones respiraran. En “Dulce Esperanza”, por ejemplo, el estadio cambió por algunos minutos de registro y se convirtió en un espacio para cantar en pareja, mientras que “Aires de Jah” volvió a poner al público en primer plano con uno de esos coros colectivos que se repitieron durante buena parte de la noche.

La presencia de Quique Neira fue, naturalmente, uno de los elementos centrales. Su regreso junto a Gondwana después de más de dos décadas tenía un peso evidente, pero el encuentro no se construyó solamente desde la nostalgia. Neira se mostró cómodo sobre el escenario, tomando la guitarra en distintos momentos e incluso improvisando mientras recordaba parte de aquella época. Su voz, inmediatamente reconocible para quienes conocen los primeros discos de la banda, permitió volver a escuchar canciones desde una perspectiva que había quedado suspendida durante 23 años.
El recorrido por Gondwana (1997), Alabanza (2000) y Made in Jamaica (2002) permitió recuperar una parte importante de ese período. Canciones como “Changa Langa”, “Armonía de Amor”, “Guerra”, “Mártires”, “Ignorancia”, “Libros Sagrados” y “Sentimiento Original” fueron recibidas con especial entusiasmo, demostrando que ese repertorio sigue teniendo un lugar concreto en la memoria de quienes crecieron escuchándolo.

Pero el concierto también tuvo espacio para salir de ese repertorio más conocido. Uno de los momentos particulares llegó con “Driven to Tears”, canción de The Police que Gondwana llevó a su propio terreno, incorporando su cadencia reggae y el trabajo de los bronces. La versión permitió reconocer el tema original, pero al mismo tiempo escuchar cómo la banda lo transforma y lo incorpora a su propio lenguaje musical.
La música no fue lo único que estuvo presente durante la noche. En distintos momentos, la conciencia social y la políticaaparecieron como parte del discurso del concierto. Y lejos de quedar solamente en las palabras sobre el escenario, el público quiso hacerse parte. Los mensajes relacionados con la paz, la desigualdad, la memoria y la necesidad de una sociedad más consciente encontraron respuesta entre las personas que llenaron el estadio, que acompañaron con aplausos, cantos y banderas.

Ese aspecto resulta especialmente coherente con una banda cuya música siempre ha tenido espacio para hablar de aquello que ocurre más allá de la vida cotidiana. “No Quiero Ir a la Guerra” fue uno de esos momentos donde esa dimensión tomó mayor fuerza, mientras que otras canciones permitieron volver sobre ideas de espiritualidad, comunidad y resistencia. En lugar de interrumpir la celebración, estos momentos fueron parte natural del concierto y demostraron que para buena parte del público las canciones de Gondwana todavía significan algo más que una simple banda sonora de juventud.
También hubo momentos más personales. Quique Neira dedicó una canción a su hijo, generando uno de los pasajes más cercanos de la jornada. Entre grandes coros y una producción visual que acompañó constantemente el escenario, estos espacios ayudaron a equilibrar la escala del espectáculo con una dimensión más íntima.

La puesta en escena estuvo acompañada por un trabajo visual que reforzó varias de las canciones, utilizando pantallas, imágenes y elementos gráficos vinculados tanto a la identidad de Gondwana como a los mensajes presentes durante el concierto. Sin sobrecargar la música, las visuales ayudaron a construir un espectáculo pensado para un recinto de esta magnitud.
Hacia el final, “Felicidad”, “Pincoya Calipso” y “Sentimiento Original” terminaron de cerrar un recorrido que tuvo en la memoria uno de sus principales motores. Y quizás ahí está uno de los aspectos más interesantes de este reencuentro: después de 23 años, no fue necesario explicar demasiado qué significaba volver a ver a Quique Neira junto a Gondwana. Bastó con escuchar las primeras notas de aquellas canciones para que el público completara el resto.

Gondwana nació en La Pincoya y desde ahí construyó una trayectoria que llevó el reggae chileno mucho más allá de sus primeros circuitos. Quique Neira fue parte fundamental de ese proceso y su voz quedó asociada a una etapa que todavía permanece vigente. Por eso, verlo nuevamente junto a la banda no fue solamente recuperar un capítulo del pasado. Fue comprobar que aquellas canciones todavía tienen capacidad para reunir a personas, provocar emoción y, también, abrir espacio para hablar de lo que ocurre en el presente.
Después de casi tres horas, el Estadio Bicentenario de La Florida terminó convertido en un gran coro. Verde, amarillo y rojo estuvieron presentes en las banderas, las imágenes y las luces, pero también en una audiencia que llegó desde distintos lugares y terminó compartiendo las mismas canciones.
Veintitrés años después, Gondwana y Quique Neira volvieron a encontrarse. Y esta vez, el reencuentro no quedó solamente sobre el escenario: también estuvo en las voces de miles de personas que demostraron que el Sentimiento Original sigue siendo parte de ellas.
