Con cerca de 3 horas de show, los oriundos de Boston (US) desenfundaron una cátedra de metal progresivo, en donde hicieron guiños históricos y apelaron a una cohesión artística que los distingue a nivel mundial.
Por: Pedro Massai

Fotos: Lotus
Cuando se anunció la gira “40th Anniversary Tour” de la banda y al principio nuestro país no aparecía en el calendario, algo raro estaba ocurriendo. Al transcurrir los días, precisamente en enero de este año cuando se confirmaba la fecha del 22 de abril, nuevamente teniendo como locación el Movistar Arena, algo se alineaba y cobraba una dimensión especial al anunciar la banda que ese momento con nosotros, quedaría plasmado en formato Blue Ray. Vaya peso adicional que tornaba ese momento. Y así lo fué.
El inicio de la jornada, arrancaba con el guitarrista nacional Baxty (Bastián Martínez), quien por motivos de producción ajena a su responsabilidad, debió adaptar el set realizado a un formato más reducido. De todos modos y al igual que ocurrió en diciembre de 2024 en este mismo lugar, eso no fue impedimento para agigantar el espíritu que reinaba por ese momento las cercanías del Parque O’Higgins. El rock se sentía en su más pura dimensión.
20:59 hrs en punto y las luces del recinto se volvían tenues. Con esa energía que lo caracteriza, Mike Portnoy saludaba desde ese verdadero laboratorio sonoro que se erigía dominante ante todo el público presente. Lo mismo con los restantes integrantes, quienes con sus instrumentos empezaban los primeros acordes de una velada histórica.

A diferencia de lo que venían siendo las anteriores fechas latinoamericanas, acá abrieron con el setlist dedicado a su más reciente disco “Parasomnia” (2025). Es decir, “In the Arms of Morpheus”, “Night Terror” y “A Broken Man”, fueron las primeras melodías de una noche diferente, en donde desde el primer segundo, quienes estuvimos ahí apreciamos a un Jordan Rudess que experimentaba con sus dedos en esas teclas convencionales y digitales, con la compañía de John Petrucci al mando de esos riffs que evocan una verdadera tronadura de magnitud 10.
Mientras sonaban las restantes del mencionado disco, el tramo entre “Dead Asleep” a “The Shadow Man Incident”, James LaBrie generaba con su voz transiciones que se trasladaban con un detalle clínico, en donde aquellos instantes en donde se salía de ese estado, era para hacernos saber lo importante que somos en la carrera del grupo y que la prueba de ello es este registro audiovisual. Material que desde la perspectiva de quien escribe en platea, se observaba a un equipo de profesionales grabando desde distintas posiciones, hasta una cámara pluma que interactuaba con fanáticos que se apostaban en el sector derecho de la cancha general. Esas tomas van a decir mucho.

El intermedio de 20 minutos, daba un leve respiro para acomodarse y dimensionar el espectáculo sensorial que acababa de pasar. Pero faltaba más.
La introducción de “False Awakening Suite”, nos conducía directamente hacia el segundo acto. Y acá, el virtuosismo y precisión de los cinco músicos representaba el código en que nos íbamos a entender en esta pasada. Toda la carne a la parrilla. Un Petrucci que servía con pulcritud cada uno de los acordes de “The Enemy Inside”, provocando un furor multitudinario. A su vez, tanto Portnoy en este OVNI de tambores y platillos marcaba el ritmo de “A Rite of Passage”, como John Myung, en su verdadero estado zen e impertérrito de lo externo creaba estas auras oscuras al mando de su bajo con las incombustibles “Act I: Scene Three: I. Through My Words”, “Act I: Scene Three: II. Fatal Tragedy”, y The Dark Eternal Night”. Todo empujaba a un clímax que se palpitaba cercano. Para el final de este segmento, con “Peruvian Skies” y “Take The Time”, el profesor Jordan Rudess nos envolvía en esta cátedra manual que era resistida a partir de la armonía en voz impregnada por LeBrie. Un segmento fuerte, al hueso del fan más acérrimo y que abrochaba un momento fuerte para quienes han estado ahí en esos 40 años. Se cerraron ambas secciones y faltaba la frutilla del pastel.

Una verdadera obra musical, que no tiene escrúpulos en desafiar la vida algorítmica actual. A Change of Season, ese vagón que te pasea por 23 minutos de progresividad, en donde el tránsito no te exime de pasar por capas desenfrenadas, hasta estaciones más reflexivas. Acá la banda es un tren sin freno. Es la declaración de principios en vivir la música desde una lógica narrativa, en donde lo intransable parece ser el culto al instrumento.
Portnoy, Petrucci, Myung, Rudess y LaBrie dan la estocada final al concierto, sumando un capítulo más a ese amor incondicional que hay entre rock progresivo y Chile, en donde ya contemplamos maravillas como lo de Porcupine Tree (2022) y TOOL (2025).

Ni los motochorros que hicieron de las suyas a la salida del evento, o algún otro detalle técnico, distorsionó una jornada plasmada por la técnica, el virtuosismo y la precisión. Una nueva visita de Dream Theater que será especial, y lo podremos revisar en un archivo oficial del grupo, en los próximos meses. Un abril único, en donde sumado a este hito, agregamos la confirmada visita de RUSH en 2027.
