Con Out Into, Son Lux abre un nuevo capítulo creativo marcado por la improvisación, la conexión entre sus integrantes y un regreso a la música construida desde el instinto. Después de años atravesados por bandas sonoras, colaboraciones y proyectos paralelos, Ryan Lott, Ian Chang y Rafiq Bhatia vuelven a encontrarse alrededor de aquello que dio origen a la banda, tres músicos compartiendo un espacio y reaccionando en tiempo real a las ideas de los demás.
Por: Andrés Melián.

En esta conversación, Son Lux profundiza en el proceso detrás de Out Into y en la manera en que la improvisación colectiva terminó convirtiéndose en uno de los pilares fundamentales del disco. Ian Chang, Ryan Lott y Rafiq Bhatia reflexionan sobre la relación que han construido durante más de una década, la necesidad de preservar los primeros impulsos creativos y la importancia de mantener la imperfección y humanidad de una interpretación incluso dentro de producciones altamente elaboradas.
También hablan sobre cómo su experiencia componiendo bandas sonoras terminó funcionando menos como una influencia directa y más como un contraste que los impulsó a reencontrarse como banda. Desde improvisaciones que inesperadamente se transformaron en canciones hasta experimentos donde el pulso humano reemplaza deliberadamente la precisión matemática de una cuadrícula, Out Into aparece como el registro de Son Lux descubriéndose nuevamente a sí mismos.
A continuación, compartimos la conversación completa:
Después de varios años muy intensos, entre bandas sonoras y diferentes colaboraciones, Out Into se siente como el comienzo de un nuevo capítulo para Son Lux. Algo que llama especialmente la atención es cuánto parece surgir del instinto, en lugar de entrar al estudio con todo previamente definido. Después de todas esas experiencias, ¿qué quieren que este álbum represente para ustedes tres?
Son Lux (Ian Chang): Creo que, en gran medida, este álbum nos representa como una familia. Hemos sido una banda durante doce años y estos chicos definitivamente son mis hermanos. Representa, de alguna manera, un regreso a casa, volver al proceso de hacer música simplemente por hacer música y crear un álbum. Había pasado un tiempo desde que hacíamos algo así, por lo que existe tanto esa sensación de volver a casa como la idea de continuar creciendo y evolucionando como familia, individuos y banda.
A veces es fácil pensar: “Han hecho todas estas bandas sonoras, entonces, ¿cómo van a incorporar ese sonido cinematográfico en el próximo álbum?”. Pero realmente no funciona así. Es más una reacción a haber estado componiendo para cine que una intención de mostrar todo lo que aprendimos durante ese proceso. Se trataba más bien de reconectarnos solamente nosotros tres y volver a hacer música casi con los ojos cerrados.
Son Lux (Ryan Lott): Para mí es como el sushi. Me encanta el sushi, aunque no quiero comerlo todos los días. Probablemente podría comerlo casi todos los días, eso sí.Hacer un disco y componer una banda sonora son un poco así. Podría dedicarme prácticamente solo a una de esas cosas y probablemente sería feliz. Somos muy afortunados de tener la posibilidad de hacer dos cosas muy diferentes que realmente amamos. Y ambas se alimentan mutuamente, pero, como decía Ian, muchas veces una termina siendo una especie de respuesta a la otra, en lugar de simplemente convertirse en más de lo mismo.
Gran parte de Out Into comenzó a partir de improvisaciones colectivas espontáneas entre ustedes tres. Cuando están improvisando juntos, ¿cómo reconocen que un momento determinado tiene algo suficientemente especial como para terminar convirtiéndose en una canción?
Son Lux (Rafiq Bhatia): No sé si existe una manera exacta de describir esa sensación, pero normalmente algo que nos entusiasma a todos combina dos elementos: una sensación de desconocimiento, algo que nos sorprenda, junto con algo profundamente familiar y casi reconfortante. Nos encanta la colisión entre esas dos fuerzas. A lo largo de los años hemos encontrado distintas formas de explorar muchas de las ideas que aparecen en Out Into mediante metodologías más elaboradas. Podemos trabajar con sonidos, manipularlos minuciosamente y sentarnos frente a los altavoces escuchando cómo el sonido cambia y se transforma, imaginando en qué podría convertirse ese pequeño bloque de construcción. Esas técnicas también son intuitivas. En cierta forma, estás respondiendo e improvisando en cámara lenta. Pero nunca son tan táctiles e inmediatas como nuestra relación con nuestros instrumentos. No importa cuánto más rápidos nos volvamos utilizando esas herramientas: sigue siendo un proceso más lento que simplemente colocar algo exactamente donde pertenece en el instante en que estás tocando. Por eso hay algo que resulta sorprendente, pero también muy reconfortante, en improvisar. Muchas veces habíamos dirigido todas esas expectativas hacia el resultado final. En este caso pudimos permanecer presentes en el momento y, al mismo tiempo, seguir creando algo que sonara como nosotros. Para mí eso es muy emocionante porque nunca habíamos logrado hacerlo de esta manera antes de este álbum. Después tomamos esas improvisaciones y construimos cosas alrededor de ellas utilizando herramientas mucho más quirúrgicas, pero el núcleo de lo que la canción quiere ser simplemente surge de nosotros. Respecto al momento en que sabemos que algo merece seguir desarrollándose, a veces es casi tan sencillo como dejar de tocar, quedarnos sin aliento y decir: “Oh, miren. Es una canción”.
Son Lux (Ryan Lott): También existe una especie de pensamiento grupal en este disco. Las ideas son evaluadas en tiempo real cuando los músicos están dentro de la misma habitación y responden prácticamente a la velocidad de la luz porque comparten el espacio. Hay una canción que cierra el disco, que existe solamente porque toqué algo espontáneamente en el piano mientras nos estábamos preparando. Suelo preparar mucho los pianos: coloco objetos dentro para silenciar las cuerdas, hacerlas vibrar o modificar el color del instrumento. Cada piano es diferente, así que no necesariamente puedes utilizar las mismas técnicas cada vez. Estaba probando algunas cosas y toqué una pequeña idea. Rafiq estaba desenrollando cables o haciendo algo similar y me dijo: “Oye, no olvides eso”. Yo le pregunté: “¿Olvidar qué?”. Y respondió: “Eso que acabas de tocar”. Yo lo habría olvidado por completo si no hubiese existido ese pensamiento grupal. En este disco, esa conexión ocurrió tanto a la velocidad de la luz cuando estábamos juntos como lentamente y a distancia cuando no lo estábamos.
Esa conexión parece existir también más allá de la música. Después de tantos años juntos, ¿hacer este disco cambió la manera en que se entendían a ustedes mismos como banda?
Son Lux (Ian Chang): Creo que este disco cristalizó nuestra comprensión de nosotros mismos como una banda de compositores que improvisan. Como banda en vivo llevamos más de una década desarrollando este enfoque y, cada vez que hemos hecho un álbum, hemos incorporado un poco más de esas tendencias. Pero nunca habíamos creado un disco en el que esa parte de nosotros fuera tan central. Creo que este álbum captura un estado de nuestra evolución y muestra dónde nos encontramos en este momento. No importa hacia dónde vayamos desde aquí porque ahora sabemos que tenemos la capacidad de regresar a este lugar. Es casi una celebración por haber llegado a un punto en el que esta parte de lo que hacemos puede ocupar la energía central de nuestro trabajo. Ahora existe como una base sobre la cual podemos seguir construyendo. O quizás hagamos algo completamente opuesto la próxima vez. Pero descubrir un lugar nuevo también significa saber que algún día puedes emocionarte con la idea de regresar a él. Cuando una canción nace desde una improvisación tan espontánea, ¿cómo protegen ese primer instinto sin terminar sobrepensando o puliendo demasiado aquello que hizo especial a la idea original? ¿Cómo conservan esa primera chispa?
Son Lux (Ryan Lott): Es una buena pregunta, una de las maneras en que protegemos la integridad de nuestras ideas es grabando muy, muy temprano en el proceso. Intentamos capturar la sensación de una idea con una red. Como registramos la interpretación real desde el principio, y no solamente una nota de voz, después podemos construir estructuras muy elaboradas alrededor de esa base mientras esta continúa impregnada de la magia de ese momento espontáneo.
Son Lux (Ian Chang): Con No God Like a King ocurrió exactamente eso. Decidimos experimentar con cómo sonaría si la ralentizábamos utilizando cinta, así que cuando la grabamos originalmente lo hicimos demasiado rápido. La toma que terminamos utilizando fue de cuando prácticamente todavía estábamos aprendiendo a tocarla. Capturamos ese momento en el que todavía estábamos descubriendo qué era la canción, y finalmente eso terminó convirtiéndose en su base.
Son Lux (Ryan Lott): Valorar esa primera chispa también nos entrega un punto de comparación para aquellas canciones que no construimos de esa manera. Por ejemplo, en Even If It Hurts yo había creado una maqueta basada en una métrica matemática muy rígida y fría, funcionando sobre un tempo fijo. Pero el objetivo final era que Ian se convirtiera en la métrica. Ian tocó de principio a fin junto al metrónomo, empujando y arrastrando el tempo de su propia manera. Después eliminamos aquella estructura matemática original y convertimos a Ian en la nueva métrica de la canción. Mapeamos meticulosamente cada una de esas pequeñas variaciones de tempo, de forma que prácticamente cada pulso tuviera un BPM ligeramente distinto. De esa manera pudimos capturar la humanidad y la personalidad de su sentido del ritmo. Todos los elementos de producción que originalmente estaban sincronizados con una cuadrícula rígida pasaron entonces a sincronizarse con la métrica humana de Ian. Es una forma de restaurar la humanidad desarmando nuestras propias estructuras rígidas. Después de que eso estuvo listo, Rafiq, quien nunca había escuchado aquella primera cuadrícula ni tenía ningún interés en ella, incorporó sus partes de bajo. Prácticamente cantaba a través de su instrumento y tocaba directamente con Ian, sin seguir a nadie más. Para nosotros es otra manera de reclamar el potencial que existe en una interpretación grupal.
Es sorprendente cómo pueden tomar algo tan natural como esa interacción entre ustedes y transformarlo en una producción tan detallada. También habla de una conexión que no siempre es fácil de encontrar entre músicos. Nuestro tiempo se terminó, así que muchas gracias por conversar con nosotros y felicitaciones por Out Into. Ha sido muy interesante conocer el proceso detrás del disco y esperamos poder volver a ver a Son Lux en Chile pronto.
- Son Lux: Nosotros también lo esperamos. Muchas gracias, Andrés.
El proceso detrás de Out Into muestra a Son Lux en un momento en que la evolución no parece estar determinada por incorporar más herramientas, sino por aprender cuándo dejar de utilizarlas. Después de años trabajando en contextos donde la precisión, la planificación y las necesidades de proyectos externos ocupaban un lugar importante, el disco devuelve al centro una dinámica mucho más elemental:
Tres músicos escuchándose y reaccionando entre ellos.
La improvisación aparece así no como una ausencia de estructura, sino como una forma diferente de composición.
Esa búsqueda también ayuda a entender Out Into como un regreso que no intenta reconstruir el pasado. Son Lux vuelve al espacio compartido, a la interpretación colectiva y a la espontaneidad, pero lo hace después de doce años de evolución conjunta. El resultado es un disco en el que la sofisticación de su producción convive con algo deliberadamente difícil de controlar, el momento exacto en que tres personas tocan juntas y, casi sin planearlo, descubren que frente a ellas acaba de aparecer una canción.