El trío formado por Kazu Makino y los hermanos Amedeo y Simone Pace llegará a Santiago para encabezar la nueva edición de En Órbita, en un regreso que promete repasar una de las trayectorias más singulares de la música alternativa.

Hay bandas que construyen una carrera alrededor de un sonido reconocible y otras que convierten la transformación permanente en parte esencial de su identidad. Blonde Redhead pertenece a la segunda categoría.
Durante más de tres décadas, el grupo ha recorrido el noise rock, el art rock, el dream pop, el shoegaze y la electrónica sin quedarse completamente en ninguno de esos lugares. Esa capacidad para moverse entre distintas texturas ha convertido a Blonde Redhead en una de las agrupaciones más particulares surgidas de la escena alternativa neoyorquina de los años 90.
La historia comenzó en Nueva York a comienzos de esa década, cuando los hermanos italianos Amedeo y Simone Pace, nacidos en Milán y criados en Montreal, se encontraron con la japonesa Kazu Makino. Los hermanos habían estudiado jazz en Boston antes de trasladarse a Nueva York, mientras Makino había llegado a la ciudad desde Japón para estudiar arte.
El encuentro dio origen a una banda que inicialmente se movía en terrenos mucho más ruidosos y cercanos al underground neoyorquino.
El nombre Blonde Redhead fue tomado de una canción de DNA, grupo fundamental de la escena no wave de Nueva York. Desde el comienzo, la agrupación se caracterizó por una mezcla poco convencional de guitarras disonantes, estructuras impredecibles y una sensibilidad artística que la alejaba del rock alternativo más tradicional.
Los primeros años y la escena neoyorquina
El debut homónimo de Blonde Redhead apareció en 1995 y tuvo un vínculo importante con una de las bandas fundamentales de la escena neoyorquina: Sonic Youth.
El baterista Steve Shelley produjo aquel primer álbum y lo publicó a través de su sello Smells Like Records. Poco después, la formación dejó de ser un cuarteto y comenzó a consolidarse como el trío que, con diferentes etapas musicales, terminaría convirtiéndose en su configuración definitiva.
Ese mismo año llegó La Mia Vita Violenta, seguido en 1997 por Fake Can Be Just as Good, álbum que profundizó el costado más abrasivo y experimental de la banda.
Durante esta primera etapa, Blonde Redhead se relacionó estrechamente con algunas de las figuras más importantes del rock alternativo estadounidense. La colaboración con músicos provenientes de Unwound y Fugazi sería especialmente relevante para la evolución de su sonido.
En 1998 apareció In an Expression of the Inexpressible, producido por Guy Picciotto de Fugazi. El álbum comenzó a mostrar una transformación importante: las guitarras seguían siendo intensas, pero aparecían nuevas capas melódicas y una sensibilidad mucho más atmosférica.
La banda ya no era solamente una propuesta de noise rock.
Estaba comenzando a convertirse en algo mucho más difícil de clasificar.
El salto hacia un sonido propio
El cambio se hizo todavía más evidente con Melody of Certain Damaged Lemons, publicado en 2000.
Considerado uno de los discos fundamentales de la carrera de Blonde Redhead, el álbum llevó la música del grupo hacia un territorio más delicado y emocional. Las guitarras continuaban presentes, pero ahora convivían con melodías frágiles, espacios amplios y una atmósfera que anticipaba buena parte del dream pop y el shoegaze que posteriormente se asociaría a la banda.
Canciones como “For the Damaged” y “In Particular” ayudaron a consolidar esa nueva identidad.
La evolución continuó con Misery Is a Butterfly, publicado en 2004. El disco marcó además el inicio de una nueva etapa editorial junto al sello británico 4AD, conocido por su catálogo de artistas ligados a sonidos alternativos y experimentales.
Con ese álbum, Blonde Redhead alcanzó uno de sus momentos de mayor reconocimiento internacional.
La música se volvió más cinematográfica, melancólica y expansiva, mientras la voz de Kazu Makino adquiría un protagonismo cada vez mayor.
De 23 a la influencia en nuevas generaciones
En 2007 llegó 23, otro de los discos esenciales de su catálogo.
La canción que da nombre al álbum se convirtió en una de las piezas más reconocibles de Blonde Redhead y ayudó a ampliar considerablemente su audiencia.
A partir de entonces, la banda continuó explorando nuevos territorios. Penny Sparkle, publicado en 2010, incorporó una presencia mucho más evidente de sintetizadores y elementos electrónicos, mientras que Barragán, de 2014, volvió a apostar por una aproximación más minimalista y atmosférica.
Lejos de perseguir un sonido determinado por las tendencias, Blonde Redhead continuó avanzando según sus propias inquietudes.
Ese recorrido también explica por qué su música ha logrado mantenerse vigente entre distintas generaciones de oyentes.
En 2023, después de varios años sin un nuevo álbum de estudio, el grupo publicó Sit Down for Dinner. Inspirado parcialmente por reflexiones sobre la vida, la muerte y la pérdida, el disco mostró nuevamente una faceta más íntima de la banda.
El álbum confirmó que Blonde Redhead sigue siendo capaz de evolucionar sin perder los elementos que han definido su identidad.
Blonde Redhead llega a En Órbita
Ahora, el trío llegará finalmente a Santiago para formar parte de la nueva edición de En Órbita.
Blonde Redhead será uno de los nombres centrales del festival, que regresa después de ocho años y reunirá en Basel a distintas propuestas de la música independiente internacional y nacional.
Su presentación está programada para el jueves 24 de septiembre, jornada que también contará con Dry Cleaning y Dinastía Moon.
Para quienes han seguido la carrera de Blonde Redhead desde sus primeros años, será la oportunidad de reencontrarse con una banda que ha construido su trayectoria lejos de las fórmulas convencionales.
Y para quienes recién se acercan a su música, será una oportunidad de descubrir una discografía que durante más de 30 años ha demostrado que la música alternativa también puede ser profundamente emocional, sofisticada y, sobre todo, impredecible.
Blonde Redhead no llega a En Órbita simplemente para mirar hacia atrás.
Llega con una historia de transformación que todavía continúa.