Afuera del Teatro Coliseo llovía y el frío calaba los huesos, pero bastaba cruzar las puertas hacia la cancha para entrar a un horno en plena ebullición. Esta primera fecha no era un concierto más en la cartelera anual. Se trataba de una de las dos jornadas completamente agotadas (segunda fecha trasladada a Coliseo debido al Sold Out en Metrónomo) para presenciar la despedida de Sepultura, una banda que se preparaba para decir adiós tras más de 40 años de trayectoria.
Por: Joaquín Bravo

Fotos: Luciano Bascuñán
Esta vez el retiro iba en serio, cerrando un ciclo monumental para una de las agrupaciones más importantes del metal sudamericano (quizás ya no tan sudamericano) y mundial. Durante estas cuatro décadas, Chile los recibió siempre con los brazos abiertos, dejando en evidencia una lealtad a prueba de balas frente a los históricos cambios de alineación. Con o sin los hermanos Cavalera en escena, el legado de la institución brasileña es indiscutible y tocaba despedirlos a la altura de su peso histórico.

Los encargados de abrir el “principio del fin” fueron los nacionales Mawiza. Personalmente no había tenido la oportunidad de ver a esta banda mapuche de metal en vivo y el impacto fue inmediato, dejándome gratamente sorprendido. Con un desplante escénico imponente, máscaras y la incorporación de instrumentos propios de su cultura, despacharon un setlist que dejó la energía al tope pese a lo acotado del tiempo. Escuchar sus letras cantadas íntegramente en mapudungun otorga una atmósfera única a su presentación, alcanzando uno de sus puntos de mayor agresividad con un cover de "Battery" de Metallica interpretado en su lengua originaria. Esa intervención le voló la cabeza a gran parte de los asistentes que no los conocían, desatando los primeros mosh de la velada y dejando el terreno perfectamente pavimentado para el plato principal.

Durante los minutos de espera, la ansiedad colectiva se apaciguaba con clásicos de Iron Maiden y Black Sabbath sonando por los parlantes del recinto, coreados a todo pulmón por los asistentes. De pronto, la música de fondo cambió drásticamente para darle paso a "Polícia" de la banda brasileña Titãs. Era la señal de partida. Sepultura tomó sus posiciones en el escenario e inauguró su bloque musical con una avalancha de distorsión. Andreas Kisser asumió el rol de maestro de ceremonias, aprovechando su fluidez en español para comunicarse con la masa, aunque las pausas fueron escasas durante la noche. Las pocas veces que el guitarrista tomó el micrófono fue para ir al grano y agradecer la fidelidad de un país que les abrió las puertas de forma incondicional desde sus primeros días.

Para ese momento de la noche, el Coliseo ya era un sauna. El nivel del show subía canción a canción y literalmente se podía ver el vapor emanando de los cuerpos sudorosos. Cientos de personas sin polera chocaban en mosh que se armaron durante prácticamente todos los temas del repertorio. Contra lo que se podría pensar de una gira de retiro, allí no había espacio para la tristeza. La nostalgia quedaría para el día después, porque el presente exigía euforia y celebración pura de un legado vivo. Festejando la totalidad de su historia, la banda hizo un repaso exhaustivo que también hizo hueco para ejecutar material de su nuevo EP.

A nivel visual, las pantallas del fondo proyectaban un recorrido por las carátulas clásicas de sus álbumes acompañando el bombardeo sonoro, además de algunas visuales generadas por inteligencia artificial que no fueron del agrado de todos los puristas, un detalle que no pasó desapercibido frente a la brutalidad de la ejecución musical. Sin embargo, el verdadero espectáculo visual y cultural ocurriría sobre las tablas. En lo que parecía ser una especie de tradicional encore, Kisser se tomó un momento para reflexionar sobre cómo lograron fusionar la música tradicional brasileña con el metal extremo en los noventa. Acto seguido, aparecieron los tambores en escena. La banda no estaba sola para este pasaje: invitaron a miembros de Mawiza y del equipo de producción a golpear la percusión junto a ellos, armando un ritual tribal de alto impacto.

Y como un concierto de metal en Chile siempre tiene un componente de caos impredecible, la locura máxima llegó de la mano de "Slave New World". En medio de los primeros riffs, la pista se iluminó de rojo intenso al encenderse dos bengalas simultáneas en la cancha, desatando el desenfreno, empujones y golpes en plena celebración de su legado.Sin dar un solo centímetro de tregua entre canciones, Sepultura cerró su presentación detonando la clásica "Roots Bloody Roots", echando el recinto abajo de forma definitiva.

Retirarse en la cima de sus capacidades, exigiendo el físico de su audiencia al límite y sin bajar la intensidad, es la mayor muestra de respeto que la banda podía ofrecerle a su propia historia. Se van haciendo ruido, lo que me dejó pensando en que, ya a estas alturas, las canciones superaron a sus creadores y que su obra ya le pertenece a la gente, seas del team que seas.
SETLIST:
- Inner Self
- All Souls Rising
- Desperate Cry
- Kairos
- Means to an End
- Attitude
- Against
- Choke
- The Place
- Escape to the Void
- Kaiowas
- Dead Embryonic Cells
- Convicted in Life
- Beyond the Dream
- Territory
- Refuse/Resist
- Slave New World
- Arise
Encore: - Drum Solo
- Ratamahatta
- Roots Bloody Roots
