Este mes se cumplen 45 años de uno de los hitos clave en la historia de la música chilena y latinoamericana, el lanzamiento del sexto álbum de estudio de Los Jaivas, “Alturas de Machu Picchu” (1981), piedra angular en la discografía de los oriundos de Viña del Mar que musicaliza el poema homónimo de Pablo Neruda. Justamente en el marco de la gira de celebración de este gran acontecimiento la banda retornaba en una fecha doble al Teatro Caupolicán para encontrarse nuevamente con sus fanáticos, quienes desde muy temprano empezaron a converger al recinto de San Diego bajo un especial manto de comunión y misticismo.
Por: Gustavo Inzunza

Fotos: Luciano Bascuñán
La atmósfera plagada de ansiedad se rompe con el ingreso al escenario de cada uno de los músicos, en una cerrada ovación que fluye como un rugido visceral desde todos los sectores del teatro. Tal cual como ha sido la tónica durante toda la gira, la primera parte del show estuvo dedicada exclusivamente a recorrer de manera íntegra los tracks que conforman el álbum, viviéndose los puntos más significativos con “La poderosa muerte”, que de a poco se fue apoderando de los sentidos en base a su exquisita instrumentación que coquetea profundamente con la psicodelia, “Amor americano” y “Sube a nacer conmigo hermano”, que tienen la particularidad que desde sus primeros acordes logran una conexión casi instantánea con las miles de almas presentes, en donde la potencia de cada verso se replicaba a múltiples voces en una suerte de coro infinito y danza ritual.

La presentación fue matizada con vivencias de los protagonistas. Primero Claudio Parra hablando del proceso de grabación que se desarrolló entre Francia y Alemania, y como el último día en el estudio el Gato Alquinta se quedó sin voz y tuvieron que recurrir a un remedio casero consistente en una inyección de azufre para que pudiera terminar las voces del disco, pudiéndose escuchar un extracto de la pista de voz original. Juanita Parra también tomó la palabra para reconocer la fuente inspiradora de los poemas de Pablo Neruda durante todo el proceso de creación, recordando la vida en comunidad en su periplo por el extranjero.

En la segunda parte del show Los Jaivas descienden de las alturas de Machu Picchu para revisitar los grandes éxitos de su discografía y conectarse de manera mucho más intensa con sus seguidores. La característica melodía del piano marca la sencillez de “Mira niñita”, una baja de las revoluciones para sumergirse en la profundidad sonora de un himno generacional que es coreado por todo el recinto. La energía de “Mamalluca” inyecta ráfagas crecientes de intensidad, entremezclando a la perfección tintes rockeros con sonidos latinoamericanos, una faceta mucho más festiva y desbordante que invitaba al público a entregarse por completo al show. Con “Pregón para iluminarse” la energía terminaba por desbordarse, configurando una celebración colectiva donde la banda y sus fanáticos se amalgaman funcionando en la misma frecuencia, alcanzando un trance sonoro que logra trascender lo puramente físico.

En una noche plagada de emotividad también hubo espacio para recordar al fotógrafo Uberto Sagramoso que conocieron durante su estadía en Buenos Aires en 1974 y que los convenció de grabar la música de una película que estaba creando, pero que finalmente nunca fue concebida, y desde donde se desprenden los cortes “Ruinas” y “Caminos”, el que sería el tema central de la película. Tampoco podía faltar el emotivo homenaje al pintor René Olivares, esencial en la definición gráfica y estética de la banda conocido como el “sexto jaiva”, y que mejor forma de recordarlo a casi un año de su partida que invitando al escenario a su nieto Gaspar para tocar el acordeón durante la exquisita interpretación de “Hijos de la tierra”.

La perfección del cierre no podía ser de otra forma que no fuese con “Todos juntos”, un himno fundamental dentro de la discografía chilena grabado en fuego en el inconsciente colectivo de múltiples generaciones, una melodía incombustible que invita a bailar desde la poderosa introducción de vientos y percusión, apoderándose de cada una de las almas presentes en el recinto. Nueve lustros después del lanzamiento de “Alturas de Machu Picchu”, Los Jaivas retornaron al recinto que albergó las primeras presentaciones del álbum en Chile, en una época muy lejana cuando nada hacía presagiar que ese puñado de canciones se convertiría a la postre en una pieza fundamental dentro de la evolución del rock latinoamericano.

Pasan los años, cambian algunos de los protagonistas, pero Los Jaivas siguen manteniendo viva esa esencia tan propia que los caracteriza y que una vez más logro calentar la fría noche capitalina, fórmula perfecta que a través de la música es capaz de unificar generaciones, estratos sociales, clases políticas y personalidades, y que durante un poco más de 2 horas guio a sus miles de fanáticos a través de un viaje sideral donde la calidad sonora del sexteto sigue impresionando por su prolijidad. Después de más de 6 décadas de trayectoria resulta difícil dimensionar el inmenso legado de su obra, pero es aun más complejo caer en razón que algún día ya no tendremos la posibilidad de verlos arriba de un escenario.
Setlist
1.- La poderosa muerte
2.- Amor americano
3.- Águila sideral
4.- Ruinas
5.- Antigua América
6.- Sube a nacer conmigo hermano
7.- Final
8.- Mira niñita
9.- Arauco tiene una pena
10.- La conquistada
11.- Caminos
12.- Aconcagua
13.- Mamalluca
14.- Hijos de la tierra
15.- Pregón para iluminarse
16.- Todos juntos
