La noche del jueves 5 de noviembre, Blondie recibió por primera vez a TR/ST en Santiago. La espera de sus seguidores finalmente encontró respuesta en un espectáculo donde la oscuridad no fue un mero recurso estético, sino el punto de partida para una experiencia marcada por el baile, la intensidad escénica y una interpretación vocal capaz de cambiar de registro sin perder su carácter singular. Al frente del proyecto, Robert Alfons recorrió distintas etapas de su trayectoria junto al tecladista Romain Barry, en una presentación que encontró en la penumbra del recinto su escenario natural.
Por: Javiera Choque

Fotos: Juan Pablo Morales
La apertura estuvo a cargo de De Lein, proyecto solista de Aline González, cantante chilena nacida en Chiloé. Su propuesta, construida en torno a los teclados y con influencias del pop, la electrónica y el rock, introdujo los primeros matices sombríos de la jornada. Su experiencia escénica, vinculada también a sus estudios de teatro, aportó carácter a una presentación que preparó el ambiente para el acto principal.
Desde los primeros compases de “Bicep”, la música de TR/ST se apoderó del espacio. Los sonidos metálicos y las pulsaciones industriales dieron paso a “Gooner”, tema inédito que ha aparecido en sus recientes presentaciones en vivo, antes de continuar con “Bulbform”, una de las piezas más reconocibles de su debut TRST (2012). La secuencia instaló rápidamente el tono de la noche, con una base electrónica contundente que encontraba en los sintetizadores su principal fuerza expresiva.

Pero fue la presencia de Alfons la que terminó de darle otra dimensión al espectáculo. Lejos de permanecer estático detrás de los teclados, el músico recorrió el escenario, saltó, bailó y arrastró el pedestal del micrófono mientras su voz se desplazaba entre registros nasales, graves y agudos, a ratos distorsionados y en otros momentos sorprendentemente nítidos. Su despliegue tenía algo desgarbado y teatral, una forma de ocupar el espacio que contrastaba con la precisión mecánica de las secuencias electrónicas. Barry, desde los sintetizadores, sostuvo la arquitectura sonora que permitió a Alfons moverse con libertad sin perder la intensidad del conjunto.

Con “Geryon”, el pulso se aceleró y el recinto terminó de convertirse en una pista de baile. Los bajos profundos y las secuencias insistentes empujaban cada composición hacia adelante, mientras las luces acentuaban los cambios de intensidad y mantenían a los músicos parcialmente ocultos entre sombras. La iluminación, sin recurrir a una puesta excesivamente compleja, acompañó con acierto la estética del proyecto. Blondie parecía el lugar indicado para esa combinación de electrónica oscura y movimiento constante.

El recorrido por los primeros años de TR/ST continuó con “Chrissy E”, “Gloryhole” y “F.T.F.”, canciones donde los sintetizadores reverberantes y los ritmos de inspiración industrial conviven con melodías pop de un atractivo inmediato. En particular, “F.T.F.” condensó esa mezcla de sensualidad y desasosiego que atraviesa buena parte de su repertorio. Aunque las composiciones conservan una marcada inclinación hacia la pista de baile, la interpretación de Alfons evita que el espectáculo se reduzca a una sucesión de beats: su voz, con una expresividad que oscila entre lo seductor y lo perturbador, introduce una dimensión más imprevisible.

La presentación también dejó espacio para apreciar los cambios que ha experimentado el proyecto. “Rescue, Mister” y “Capitol”, ambas de Joyland (2014), desplazaron por momentos la aspereza del debut hacia una electrónica más pulida y expansiva. Más adelante, “The Shore”, de Performance (2024), mostró una faceta más reciente, con capas sintéticas envolventes y un pulso que conserva su carácter nocturno. “Possession”, por su parte, prolongó la sensación de inquietud que recorría el concierto.

Uno de los momentos más interesantes llegó cuando la intensidad descendió y Alfons se acercó al teclado para interpretar “Heaven” y “Are We Arc?” en formato acústico. La transformación fue notable. Después de una primera parte dominada por ritmos insistentes y una presencia escénica inquieta, el músico quedó expuesto ante una instrumentación mucho más austera. Su voz adquirió un protagonismo distinto, revelando matices que las capas electrónicas suelen disimular. El ambiente se volvió más recogido y la atención se concentró en la interpretación, que encontró en esa pausa una forma diferente de sostener el interés.

“Candy Walls” prolongó ese paréntesis con su cadencia pausada, antes de que “Shoom” y “Sulk” reactivaran el baile con sus ritmos insistentes. En esta última, los sintetizadores densos y las secuencias rítmicas provocaron una respuesta inmediata. La energía volvió a crecer con “Gone” e “Iris”, hasta desembocar en “Dressed for Space” y “Peer Pressure”, dos piezas que reforzaron el carácter expansivo del cierre. Para entonces, el baile se había mantenido como una constante y la respuesta de quienes llenaban el recinto acompañaba el despliegue de Alfons, que no parecía dispuesto a bajar el ritmo.

La sensación al final fue la de haber presenciado un espectáculo que encontró su fuerza en el contraste. TR/ST puede ser áspero y envolvente, inquietante y eufórico, pero también dejar al descubierto una faceta vulnerable cuando desaparecen los beats y queda únicamente la voz. La puesta en escena, el juego de luces y el dinamismo de Alfons contribuyeron a que esas distintas dimensiones convivieran sin perder coherencia. En su esperado debut chileno, el proyecto canadiense convirtió la oscuridad en un espacio de movimiento y celebración, demostrando que incluso las atmósferas más sombrías pueden encontrar su expresión más intensa en el baile.
Setlist:
- Bicep
- Gooner
- Bulbform
- Geryon
- Chrissy E
- Gloryhole
- F.T.F.
- Rescue, Mister
- Capitol
- The Shore
- Possession
- Heaven
- Are We Arc?
- Candy Walls
- Shoom
- Sulk
- Gone
- Iris
- Dressed for Space
- Peer Pressure
