El domingo partió cruzado por la tensión política. Mientras los asistentes entraban de a poco al Club Chocolate pasadas las ocho de la tarde, el tema obligado en los pasillos era la elección presidencial en Brasil. Esa expectación chocaba con una imagen súper particular en la pista: la presencia de varios ciudadanos chinos. Ver a compatriotas de la banda disfrutando tan lejos de su tierra natal le dio un tono bastante cálido a la espera. La ansiedad por los resultados electorales desapareció apenas bajaron las luces del local.
Por Joaquín Bravo

Fotos: Thomas Moraga
A Quivik le tocó abrir los fuegos. Los chilenos manejaron un nivel técnico altísimo en las cuerdas para conectar de inmediato con el sonido math rock de los invitados de honor. Aprovecharon la vitrina para avisar que a fin de mes tocarán íntegro su último disco por su aniversario. Jugaron de local amarrando la atención de los presentes a punta de pura agilidad sobre los mástiles. Se echaron al bolsillo a un montón de nuevos seguidores en menos de una hora, con un teloneo mas que acertado para el plato principal.

Un problema técnico menor retrasó la partida con los músicos principales ya instalados en la tarima. Lejos de complicarse, Xu Bo y compañía desenfundaron sus instrumentos para despachar dos canciones de corrido. La ejecución en vivo del cuarteto asomó milimétrica desde el inicio.
Siguiendo al pie de la letra el concepto de su nombre, el grupo estructuró todo el setlist de la noche como si fuera un partido de fútbol real. Dividieron el repertorio en fases claras que iban desde el pitazo inicial, pasando por el ataque y el mediocampo, hasta llegar a la victoria decisiva. Las guitarras se entrelazaban en melodías nostálgicas mientras la base rítmica mantenía los tiempos acelerados bajo control estricto, sonando igual de bien como las versiones de estudio (o incluso mejor).
Recién tras ese primer bloque ofensivo se tomaron una pausa. Antes de soltar su clásico "Goalkeeper" se presentaron mezclando mandarín con frases sueltas en español e inglés. Explicaron que venían aterrizando con lo justo tras tocar la noche anterior en México. El itinerario apretado los dejó sin margen para recorrer Santiago, pero prometieron volver pronto por la revancha turística.
Cuando "Goalkeeper" reventó en los parlantes la tensión acumulada detonó en la cancha. Se armó un mosh contenido, alejado de la brutalidad del hardcore pero cargado con la energía de quienes llevaban años esperando este debut. Escuchar a la fanaticada local recitar de memoria las letras fue un espectáculo aparte. Nadie en el público dominaba el idioma asiático. La gente simplemente memorizó la fonética exacta de las canciones a punta de escucharlas en sus casas para poder cantarlas a todo pulmón durante los coros. Las intervenciones vocales en el escenario siguieron siendo cortas. En un minuto Xu Bo se acercó al micrófono para soltar un directo "Te amo Chile". El set avanzó colando algunas pistas inéditas que todavía carecen de título oficial. Esos temas formarán parte de un próximo disco, la placa que usarán como excusa para regresar al país.
El bajista Li Lixin pidió la palabra para hablar en serio un rato. Confesó que al armar la banda en Wuhan jamás imaginaron terminar tocando tan lejos de casa con letras escritas estrictamente en su idioma natal. Pidió de forma explícita que en estos espacios de encuentro todos se cuidaran mutuamente. Acto seguido separó la “cancha” en dos mitades para armar un "wall of death" exigiendo no chocar a lo bestia. La fanaticada hizo caso al instante. Armaron un verdadero "wall of love" corriendo a saltar de frente sin lastimar a nadie. El choque pareció más un abrazo masivo. Algunos terminaron en el piso riendo mientras los de al lado los levantaban rápido para no perder el ritmo de la música.
La confianza llegó a su punto más alto con "Flying Fish". Xu Bo subió a tres personas del público a tocar el bombo junto con un pandero. La felicidad de los elegidos saltaba a la vista en cada golpe a la percusión. Apenas terminaron de tocar, los fanáticos invitados se lanzaron a abrazar al vocalista mientras él agradecía por la intervención. Abajo en la pista el local entero seguía coreando las rimas en un impecable "chino chilensis".

La jornada terminó con la banda completa despidiéndose al borde del escenario. Se tomaron fotos con las primeras filas regalando setlists con una sonrisa imborrable. Fue justo antes de ese epílogo cuando la realidad exterior volvió a meterse al recinto.
Alguien en la pista miró la pantalla de su teléfono y gritó con toda la voz que había ganado Lula. La noticia corrió rápido entre la gente. El público estalló en celebraciones espontáneas frente a un cuarteto de Wuhan que miraba la escena sonriendo sin entender absolutamente nada de lo que pasaba a la vez que afinaban instrumentos. El ambiente se transformó de golpe en un relajo total. La fanaticada festejaba abrazada casi como si el nuevo presidente electo fuera chileno.
Chinese Football cruzó el mundo para tocar frente a una audiencia que desconocían tener y terminó musicalizando un desahogo ajeno que le dio un “pitazo final” perfecto a un domingo que se había ido a alargue, cargado de nervios, pero cerrando con una victoria en el 120+1.
Setlist:
A | Admission
1. Game Start
2. Rafting in the World
B | Kick-off
3. Goalkeeper
4. Adventure Island
5. Awaking Daydream
C | Attack
6. Electronic Girl
7. One Way Train
8. (Canción nueva de Wang Bo)
D | Midfield
9. World Cup Fantasy
10. The World Is Splitting in Two
11. The Last EMO Boy on Earth
E | Decisive Victory
12. (Canción nueva de Xu Bo)
13. Flying Fish
14. No.10 Jersey ~Not For Anybody~
15. A Bolt From The Blue (Encore)
