Después de once años sin presentarse en Santiago, Michael Milosh (Rhye) regresó a Chile con el Joy Tour y un concierto agotado en Club Chocolate, en el barrio Bellavista. La expectativa por volver a escuchar en vivo el repertorio de Rhye se encontró con una presentación distinta a la habitual: un formato reducido, de arreglos acústicos y una puesta en escena que buscaba poner la voz en primer plano. Sin embargo, las condiciones del lugar hicieron difícil sostener esa intención durante toda la noche.
Por: Javiera Choque

Fotos: Juan Pablo Morales
La jornada comenzó con Lore, proyecto solista de Lorena Pulgar, cantante, compositora, productora y tecladista de la banda chilena Chicarica. Su presentación combinó pop, sonoridades urbanas y electrónica, con juegos vocales y espacio para la experimentación. El carácter más dinámico de su propuesta sirvió como introducción a una noche que pronto tomaría otra dirección, con un espectáculo más sobrio y centrado en los matices de la interpretación.

Acompañado por un guitarrista y su tecladista, Milosh propuso una experiencia experimental, con menos elementos y mayor atención a los matices de cada interpretación. Su voz de tenor, andrógina y de textura aireada, ocupó el centro de los arreglos. La delicadeza de su registro y el cuidado de las interpretaciones encontraron un buen espacio en canciones como “Verse”, “Softly” y “Please”, que abrieron el concierto con un tono sobrio, entre baladas melancólicas y arreglos minimalistas.

El problema apareció en el entorno. Las conversaciones, las risas y los ruidos provenientes de la barra y la cocina interrumpieron en distintos momentos una presentación que requería atención para apreciar sus detalles. Los reclamos de quienes intentaban escuchar, con siseos y llamados a guardar silencio, se hicieron recurrentes; el propio Milosh también pidió silencio en varias ocasiones. El olor a comida y la actividad del local reforzaban la sensación de estar en un espacio más propicio para socializar o beber algo que para seguir una propuesta de estas características. La intención de crear una atmósfera íntima estaba presente en el escenario, pero no terminaba de extenderse al resto de la sala.

Con “3 Days” y “Last Dance”, el concierto incorporó una base rítmica más marcada mediante una caja de ritmos, ampliando las posibilidades del formato sin abandonar su carácter sobrio. Después, “Go to Sleep”, de su EP más reciente, devolvió la presentación a un registro introspectivo, sostenido principalmente por el teclado y una interpretación vocal que no necesitaba grandes variaciones para mantener la atención.

“Taste” volvió a modificar el pulso de la noche con su combinación de pop lo-fi de dormitorio, líneas rítmicas y elementos de funk. Los arreglos alternaron entre el piano eléctrico, la guitarra y texturas de sintetizadores, cuerdas y vientos que enriquecían los registros más agudos. La canción dio paso a “Sometimes”, donde el pop ambiental y el soul alternativo encontraron uno de sus momentos más reconocibles. Milosh alargó el final e intentó sumar a los presentes mediante un tarareo compartido, aunque la participación fue irregular.

La respuesta fue más evidente con “Open”, una de las composiciones más conocidas de su repertorio. Su combinación de R&B alternativo, soul suave y arreglos orquestales concentró una mayor atención, mientras la voz de Milosh volvía a ocupar el primer plano. Fue uno de los momentos en que la sala pareció acercarse más a la experiencia que el músico buscaba construir, aunque las interrupciones del entorno siguieron presentes.

En el tramo final, “Close Your Mouth”, “Hold On” y “Song for You” mantuvieron los matices sofisticados del repertorio, entre el pop pausado y las historias de amor y desamor. Los músicos que acompañaban a Milosh tuvieron espacio para destacar individualmente, con solos que aportaron variaciones a una puesta en escena visualmente discreta. El cierre llegó con “You’re My People”, de su proyecto más reciente, completando un recorrido que privilegió los arreglos y la interpretación por sobre el despliegue escénico.

La propuesta musical tenía suficientes matices para sostener el concierto desde la sutileza, pero el diseño de luces y la disposición del escenario ofrecieron pocas variaciones a lo largo de la presentación. En un formato tan despojado, la iluminación y los cambios visuales podrían haber contribuido a dar mayor profundidad al espectáculo. La música de Rhye pedía un entorno capaz de acompañar sus silencios y detalles; en Club Chocolate, esa condición no siempre estuvo presente.
Setlist:
Verse
Softly
Please
3 Days
Last Dance
Go to Sleep
Taste
Sometimes
Open
Close Your Mouth
Hold On
Song for You
You're my People
