Jorja Smith en Teatro Caupolicán: Lo bueno se hace esperar

Siete años tuvieron que pasar para que Jorja Smith volviera a encontrarse con el público chileno. Desde aquella primera visita en Lollapalooza 2019, la artista británica ha recorrido un camino de crecimiento musical que la ha consolidado como una de las voces más destacadas del R&B contemporáneo. Por eso, su regreso al Teatro Caupolicán tenía un significado especial: no solo se trataba de saldar una espera que se extendió por años y que además estuvo marcada por la reprogramación del concierto, sino también de reencontrarse con una artista cuya música ha acompañado distintas etapas de sus seguidores. Y vaya que valió la pena.

Por: Gabriela Torres

Fotos: Agustín León

Pasadas las 21:15 horas, las primeras notas de “Blue Lights” dieron inicio a una noche que rápidamente encontró su conexión con el público. La canción fue recibida con una ovación enorme al terminar, marcando desde el comienzo el entusiasmo que había en el recinto. Sin dar demasiado espacio para bajar la intensidad, llegó “Teenage Fantasy”, cuyo coro fue acompañado por los asistentes, seguido de “Addicted” y “Feelings”, que sumó algunos pasos de baile y una nueva ovación. Desde temprano quedó claro que el repertorio tendría espacio para recorrer distintas emociones, entre canciones que invitan a cantar a todo pulmón y otras que se disfrutan desde la intimidad.

La primera parte del espectáculo continuó con “Where Did I Go?”, “Greatest Gift” y “Try Me”, mostrando distintas facetas de su propuesta. Luego, el ambiente tomó un giro más rítmico con “For Life”, “Alive”, “I Lied, You Lied”, “Dancing” y “Falling or Flying”. Este bloque permitió darle movimiento a la presentación y mostrar cómo Jorja ha ido ampliando sus sonidos a lo largo de su carrera. Aunque la gira tiene como eje Falling or Flying (2023), también hubo espacio para conectar con su material más reciente, What Are The Odds, incorporando nuevas canciones a un recorrido que no dejó fuera las distintas etapas de su discografía.

Pero si hubo algo que atravesó toda la presentación fue la calidad de su interpretación. Jorja Smith cantó de manera impecable de principio a fin, sin perder afinación y manteniendo una voz tan clara como expresiva. Su capacidad para moverse entre registros más delicados y momentos de mayor intensidad fue uno de los grandes atributos de la noche. No necesitó recurrir a grandes despliegues para sostener la atención: bastaba con escucharla. A eso se sumó una presencia escénica que también cautivó. Jorja lució sencillamente hermosa, con una elegancia natural que acompañó cada momento del espectáculo y que terminó de darle un sello especial a su presentación.

La emoción encontró uno de sus puntos más altos con “February 3rd”, interpretada en formato acústico. En ese momento, la voz tomó todo el protagonismo y el Teatro Caupolicán pareció detenerse para escucharla. Fue una pausa necesaria dentro de un concierto que también tuvo mucha energía, y que permitió apreciar la sensibilidad con la que aborda sus canciones. Después llegaron “Need Someone”, “The One”, “Come Over” y “London This City”, manteniendo esa cercanía con los asistentes antes de volver a levantar el ánimo con “What’s Done Is Done”, que consiguió que el público se entregara nuevamente al baile y al canto.

“Little Things” fue otro de los momentos que brillaron durante la noche, mientras que “On My Mind” confirmó que algunos clásicos conservan intacta su capacidad de convocar. Escucharla en vivo fue uno de esos instantes que recuerdan por qué ciertas canciones siguen siendo tan queridas con el paso de los años. Más adelante, “Be Honest” tuvo una recepción especialmente cálida: sonó increíble y consiguió que buena parte del público se sumara al ritmo, bailando y cantando junto a Jorja. La complicidad entre el escenario y la platea se hizo evidente, reafirmando que el repertorio de la británica tiene distintas formas de conectar con quienes la escuchan.

Hacia el tramo final, el espectáculo volvió a tomar un tono más íntimo con “Tomorrow”, también en versión acústica. Fue uno de los pasajes más conmovedores, especialmente por la respuesta de los asistentes, entre quienes no faltaron las lágrimas y las voces que acompañaron la interpretación. La canción tiene una sensibilidad particular y, en ese formato, consiguió llegar todavía más profundo. Finalmente, “Don’t Watch Me Cry” cerró una presentación que supo equilibrar muy bien los momentos de mayor energía con aquellos en que la música invitaba simplemente a detenerse y sentir.

También fue una noche donde el público tuvo su propio protagonismo. La emoción de volver a verla después de tantos años se hizo presente durante todo el concierto, tanto en los coros colectivos como en las ovaciones que acompañaron sus interpretaciones. Entre los asistentes también destacaron los looks de muchas mujeres, que llegaron con propuestas llenas de personalidad y le dieron un sello propio al ambiente de la jornada.

El regreso de Jorja Smith a Chile después de siete años terminó siendo un reencuentro a la altura de las expectativas. Con un repertorio que recorrió sus distintas etapas, una interpretación vocal extraordinaria y una presencia que llenó el escenario sin necesidad de excesos, la británica ofreció un espectáculo completo, donde hubo espacio para bailar, cantar y emocionarse. La espera fue larga, pero bastó escucharla nuevamente en vivo para entender que su música sigue teniendo esa capacidad de quedarse con nosotros mucho después de que termina la última canción